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Cartas

La última guerra mundial: la Copa 2018

Los jugadores de Francia celebran el triunfo ante Croacia en la final del Mundial, celebrada el 15 de julio de 2018 en Moscú.
Los jugadores de Francia celebran el triunfo ante Croacia en la final del Mundial, celebrada el 15 de julio de 2018 en Moscú. AFP/Getty Images

El domingo 15 de julio cesaron las hostilidades con el triunfo de Francia sobre Croacia. Nos referimos naturalmente al campeonato mundial de fútbol. Treinta y dos países libraron batallas campales ante las miradas extasiadas de millones de espectadores de todo el orbe.

Sería interesante hacer un estudio interdisciplinar sobre el enigmático fenómeno del fanatismo deportivo.

Parece tener raíces antropológicas, es decir, algo innato en el ser humano. El bípedo racional no solo sería “homo sapiens”, el que sabe, sino también “homo ludens”, el que juega. Se nace con la tendencia a jugar; se ve en los niños e incluso en los cachorros de animales.

Con el paso del tiempo, el juego se fue haciendo competitivo, y se convirtió en guerra incruenta para tiempos de paz. Claro que eso de “incruenta” excluye al boxeo y al hockey, además de otros deportes extremos, donde la efusión de sangre pasa por normal. El carácter bélico del deporte queda patente en vocablos como la ofensiva, la defensiva, el ataque y el contraataque.

Lo que asombra al observador desapasionado es la explosión de júbilo de los jugadores y fanáticos ante el triunfo del propio equipo. Es algo desproporcionado que no tiene paralelo con otros éxitos humanos. Lo mismo digamos de los perdedores. No solo ponen caras largas, sino que el descalabro les arranca lágrimas y sollozos. ¿Cómo es posible que hombres hechos y derechos se conviertan en un mar de lágrimas solo porque su plantilla perdió lo que no es más que un juego?

Quizás identifican exageradamente el equipo con el país. Tal vez vean la victoria o la derrota en términos de gloria o ignominia nacional. Por eso decimos que se necesita un estudio multidisciplinar para explicar los excesos del fanatismo deportivo.

Eduardo M. Barrios, S.J.

ebarriossj@gmail.com

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