Cartas

Las personas son animales

Generic graphic for cats and dogs stories.
Generic graphic for cats and dogs stories. Archivo

Las personas son animales, sí, animales racionales, pero los animales no son personas, como sostiene el apreciado periodista Jorge Ramos en una columna del 25 de julio.

Es cierto que desde el punto de vista orgánico los humanos presentan muchas semejanzas con los animales, especialmente con los mamíferos.

Pero la diferencia es abismal cuando miramos hacia la interioridad de los animales. Éstos, por ejemplo, son incapaces de razonamientos abstractos. Tampoco pueden planificar su futuro. Viven en un perpetuo presente.

Los instintos dominan y guían la vida animal. Si el amo le da a su perro un apetitoso filete mignon, el can se lo come en el acto sin ponerse a discernir si le conviene el colesterol de esa carne roja, y mucho menos si debe abstenerse por ser viernes de Cuaresma.

Los animales carecen de conciencia ética. Si un gato vive con una familia y con su gata, y olfatea que por la calle pasa otra gata en estado receptivo, se va tras ella inmediatamente. Una vez que ha “cumplido” con la callejera, regresa al hogar sin el menor remordimiento adulterino.

De acuerdo en que no se debe maltratar a los animales, pues, como dice el refrán, “quien maltrata a un animal, no tiene buen natural”. Como criaturas sensibles, gozan de derechos no-humanos; pero tampoco hay que exagerar dándoles rango de personas.

Los animales no tienen el alma inmortal que les permitiría conocer y amar a Dios en la tierra para vivir en comunión con Él en el cielo.

Los animalitos no pueden aspirar a más cielo que el de “Pet Heaven Memorial Park” (cementerio) situado en W. Flagler y 109 avenida.

Eduardo M. Barrios, S.J.

Miami

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