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Cartas

La niña Jakelin no murió en vano

Rubén García, director de la organización Annunciation House, lee un comunicado de la familia de Jakelin Amei Rosmery Caal Maquín, el sábado en El Paso, Texas.
Rubén García, director de la organización Annunciation House, lee un comunicado de la familia de Jakelin Amei Rosmery Caal Maquín, el sábado en El Paso, Texas. AP

La muerte de la niña Jakelin Amei Rosmery Caal Maquín, de 7 años, merece una aguda reflexión sobe la extrema pobreza que existe en América Latina.

Cuando los gobiernos son impunes, sus ciudadanos quedan desprotegidos y se hunden en la pobreza. Con esperanza y aspiraciones para sus hijos, se desesperan y toman incalculables riesgos por el “Sueño Americano”. Para estas personas no existen opciones. Imagínense cuán grande era su deseo de superación, que empeñaron su pequeño terreno y choza para llegar a este país y ahora sus familiares en Guatemala perderán lo poquito que tenían.

Fuera de esta fatídica trayectoria en época navideña, encontramos que nos hemos centrado en la entrega de regalos, algunos costosos e inclusive a crédito. Cuando lo que realmente importa es compartir con la familia y amigos. ¿Cuantos nos acordamos que en un día tan simbólico, miles no tendrán que comer y los niños quedarán con sus manos vacías?

Para mí esta Navidad será diferente, porque no podré olvidar a Jakelin e imagino cuantos días pasaron sus padres planeando el viaje que les cambiaría su vida.

Imagino sus miedos y la ansiedad de lo desconocido. Tampoco puedo olvidar la angustia de mis padres cuando también tomaron la dolorosa decisión de enviarnos solos, a mi hermano y a mí a Estados Unidos. Su congoja y arrojo más tarde, cuando desesperados escaparon en bote para reunirse con nosotros, el peligro que corrieron cuando se perdieron en el mar hasta llegar a Cayó Tortuga en diciembre de 1963. Recuerdo el júbilo de esa Navidad al estar otra vez juntos y su regocijo por el logro de haber cumplido una verdadera hazaña.

Por eso, no importa las razones por las cuales llegamos a este gran país, lo importante es recordar que al salir de nuestra patria, todos somos inmigrantes. Todos tuvimos un sueño y lo cumplimos. Entonces abramos nuestros brazos y corazones a los que vienen detrás, ellos también merecen una oportunidad.

Recuerden que la pequeña Jakelin murió en el intento, no dejemos que su muerte sea en vano. En esta Navidad, abracemos a nuestros seres queridos y narremos a los niños nuestra trayectoria de inmigrantes para que abran sus corazones y sean más humanos cuando sean adultos.

Eduquémosle sobre la realidad que viven otros niños, que dar es maravilloso y compartir nos ennoblece.

Gladys Cañizares,

West Kendall

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