Cartas

Los carriles expresos son un bochorno

Vista del carril expreso de la autopista estatal 826 en dirección norte, también conocida como el Palmetto, cerca de la salida a West Flagler Street.
Vista del carril expreso de la autopista estatal 826 en dirección norte, también conocida como el Palmetto, cerca de la salida a West Flagler Street. dvarela@miamiherald.com

Para muchos de nosotros, el peaje en los carriles expresos es innecesario, más aún, es bochornoso. Y lo es porque esos separadores causan accidentes automovilísticos por más que ensayan probando distintos materiales. En su momento el Nuevo Herald publicó que en los últimos años han ocurrido cientos de accidentes. Ahora presenciamos los nuevos carriles en el Palmetto, lo cual además del peligro vemos nuestros bolsillos saqueados nuevamente.

Pero más que el bochorno por causar accidentes evitables a un público siempre ansioso, apurado, tenso, podría decirse que es una nueva forma de esquilmar a los conductores. Si se analiza como ciudadano común, se deduce que ese peaje no sería necesario si de hecho se hubiese fabricado la línea (o líneas) extra en la izquierda como una más para que la utilizaran los que quisieran o necesitaran ir a una velocidad mayor; de todas maneras no todos los conductores prefieren ir a esas velocidades pero, en la práctica, el uso sin cobro de la misma haría el tráfico más expedito, que es el objetivo que supuestamente se pretende.

El cobro en la vía expresa, que a veces llega hasta costar casi el salario mínimo por hora en la I-95, es algo realmente abusivo. Es un impuesto disfrazado, aunque en algunos casos es una penalidad autoimpuesta pues para algunos es una necesidad ir más rápido en la carretera.

Si solamente se intentara hacer el tráfico más fluido y cómodo —y no aplicar un cobro extra— ¿cuál sería la diferencia práctica para el que utiliza dicha carrilera, pague o no pague? Pues ninguna. Simplemente algunos irían a una velocidad superior a diferencia de otros que decidan no manejar tan rápido. De paso se evitarían infinidad de accidentes producidos por los famosos separadores. El highway patrol supliría los separadores con más vigilancia.

Este peaje específico pudiera considerarse, adicionalmente, una especie de discriminación hacia las personas que no pueden afrontar ese peaje de lujo.

Ojalá alguien con autoridad suficiente recapacite sobre este desmán y recuerde que el gobierno es del pueblo y para el pueblo y no para aplicar cobros inmisericordes cada vez que se le ocurra a algún funcionario, elegido o no. Por favor, estado de la Florida, tomar nota de esta anormalidad. Debemos apoyar la recogidas de firmas para que cese este nuevo impuesto disfrazado.

Efraín R. Infante,

Miami

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