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Cartas

¿Por qué el coronavirus se ha ensañado tanto contra nosotros?

¿Cuánto tiempo más esperaremos para abrirnos a un análisis más profundo sobre esta plaga del Covid-19? ¿Necesitaremos un mayor número de víctimas o ver como se destruye la sociedad toda? ¿Cuánto más vamos a esperar para tratar de discernir qué es lo que está pasando?

Recibimos millones de mensajes, desde la premisa de combatir este flagelo con todos los elementos disponibles y las medidas más severas, diciéndonos, “ganaremos la batalla” somos fuertes y este virus no nos va a exterminar.

Esta es una actitud lógica, pero no suficiente.

En muy pocos casos, alguien se ha preguntado, el porqué de la aparición de este virus. ¿Si el virus es un arma para dañarnos o exterminarnos, no sería sensato reflexionar, por qué se ha ensañado contra nosotros?

Pelear una guerra sin saber el motivo por el cual el enemigo nos ataca, no es una de las estrategias de combate más inteligente que podemos esgrimir.

¿Tal vez no queremos indagar mucho, podríamos encontrarnos con una respuesta que no nos gustaría escuchar.

¿Esto ya ocurrió antes?

¿Cuáles eran las circunstancias en que la humanidad sufrió flagelos semejantes?

Claro, dejar de interactuar con el celular para pasar a leer algunos pasajes de la Biblia, u otro libro religioso, significa un esfuerzo al que ya no estamos acostumbrados.

Tenemos un equilibrio entre nuestro yo y lo que circula en los medios de comunicación y redes sociales, no queremos que nada perturbe ese estado de cosas, estamos sumergidos en una especie de ensoñación, tratando de no ver o pensar más allá de lo conveniente.

Pero si queremos avanzar, hay una serie de hechos que debemos considerar.

Hubo épocas de extrema decadencia, perversión y asesinatos masivos, donde las bajezas humanas eran los modos habituales de vida, omnipotencia, soberbia, despotismo, manejo desmesurado del poder y otras manifestaciones que forman parte del salvajismo propio de nuestra especie, la coincidencia es que luego de esas tumultuosas épocas, aparecía un final marcado por una gran devastación que exterminaba a casi todos los habitantes y destruía sus posesiones.

Hay muchos pasajes de la Biblia, especialmente en el antiguo testamento, también en otras religiones, donde encontramos un concepto fundamental y constante: “Obedecer la Ley para evitar encender la ira de Dios”.

Era sabido que el desvío de un pueblo de la Ley, lo llevaría inexorablemente al sufrimiento y a la devastación.

Si nos tomáramos solo unos minutos para analizar en el contexto que ocurrieron esos hechos llamativamente coincidentes, por analogía, podríamos dar un uso útil a nuestras capacidades, para comprender un poco más, qué es lo que realmente está ocurriendo hoy.

Sacamos a Dios de los colegios impidiendo la enseñanza religiosa, lo atacamos permanentemente con burlas, despreciamos a las personas que tienen fe, producimos miles de películas ridiculizando las creencias religiosas, promulgamos leyes que permiten asesinar a los niños antes de su nacimiento, no respetamos, ni siquiera queremos saber a qué se le llama la Ley de Dios, destruimos el planeta con devastación y una contaminación sin precedente, entonces ahora ya no podemos acusar a Dios de este castigo, porque supuestamente para nosotros, Dios no existe.

Creer que somos el centro del universo, que las capacidades que poseemos emulan al mismo Todopoderoso, que nada puede detenernos, que todo existe para nuestra satisfacción personal, es el modelo de individuo que la mayoría de nuestras sociedades sustenta por estos días.

Los que son agradables a Dios y cumplen con su Ley, no son suficientes como para que la bendición divina se haga extensiva para todos, prevalecen los que creen ridícula cualquier actitud religiosa, usan la agresión como modo de vida para con los demás y con el planeta.

Esto inclina la balanza a un estado crítico de la condición humana frente a Dios.

¡Estamos en falta!

Pero también tenemos el ejemplo de una época más cercana, hace 2020 años, alguien intercedió por la humanidad y nos dejó sus enseñanzas. A partir de ese momento el mundo cambió, no desaparecieron las mezquindades y guerras, pero se multiplicaron los que decidieron vivir de otra forma, más respetuosa y justa combatiendo sus mezquindades y salvajismo.

La semilla prosperó y a lo largo de los siglos la humanidad tuvo logros inimaginables. Ahora esos logros se ven nuevamente amenazados.

¿Qué cambios deberemos realizar para recibir la ayuda que necesitamos? ¿A quién podríamos acudir para pedir otra vez que nos salve?

Un virus que es 10 millones de veces más pequeño de lo que un ojo humano puede ver, nos habla de la insignificancia de nosotros mismos, de cómo algo tan pequeño puede derribar todo lo que hemos construido y aun la vida misma.

Carlos M. Lassallette, Miami Beach.

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