Defender a Trump es ignorar las contribuciones de los inmigrantes
El 7 de mayo de El Nuevo Herald publicó una carta titulada, “A Trump no le gusta que le tomen el pelo”, firmada por Laura Román de Miami.
Señora Román, con todo respeto, usted escogió la ciudad equivocada, el idioma equivocado y el momento histórico equivocado para defender “el peinado” del Señor Donald Trump y manifestar públicamente una opinión que yo considero es discriminatoria.
Usted se hace solidaria con la “defensa de la ley” por nada más ni nada menos que el actual presidente, quien fue impugnado justo por violarla, y cuyo secretario de Justicia continúa violando.
1. Miami, donde usted vive, debe su esplendor y progreso a esos inmigrantes que llegaron sin un centavo en el bolsillo y muchos sin un título, ni nobiliario ni académico. La mayoría proveniente de Hispanoamérica y muchos de ellos cubanos.
2. En toda Florida y especialmente en el sur, todos, usted incluida, hablamos español y la mayoría hablamos también inglés. No nos avergonzamos por ello.
3. Justamente durante estos procelosos y macabros tiempos pandémicos, hemos aprendido que las ocupaciones tildadas de esenciales incluyen, en primera línea, a esos mismos inmigrantes que usted desprecia. Son los que cosechan las hortalizas que usted sirve en su mesa, las personas que limpian los hospitales, quienes llevan a la puerta de su casa todo lo que usted puede comprar y ellos no. Y sí, también enfermeras y médicos con “estatus temporal”. Ellos están amenazados de deportación.
4. Pero por añadidura, usted ha escogido a la persona equivocada para achacarle pecados de juventud. El Sr. Carlos Alberto Montaner, como muchos de nosotros, se alegró que Fulgencio Batista, socio de la mafia que prostituía a Cuba, fuese depuesto; no violó la ley con ello. Lo demás es historia. Pretender descalificar una verdad en virtud de un pensamiento político del presente o pasado del mensajero es, en buena lógica, una falacia. La verdad es independiente de quien la exprese. El Sr. Montaner es una figura respetable y respetada por todos cubanos y no cubanos. Tiene un prestigio muy bien ganado, independientemente de que siempre estemos de acuerdo o no con sus planteamientos.
Creame, no quiero extenderme en refutar sus argumentos. Son un mantra repetido como “la línea del partido”. La realidad está a la vista y la palabra del Sr. Presidente, simplemente, no prueba nada como no sea para inculparse a sí mismo. Su pésimo gobierno ha llegado a extremos inauditos de hasta llegar a sugerir como remedio antivirus el ingerir desinfectantes. Le ruego que no lo haga por su propio bien.
Atentamente,
Pedro Martí,
Delray Beach, Florida.