Trump y la respuesta al coronavirus: no hay peor ciego que el que no quiere ver
Esta nota viene relacionado a dos publicaciones en cartas del lector: “Pandemia y elecciones: los demócratas sabotean a Trump” del 17 de mayo, y “En defensa del presidente Trump” del 20 de mayo.
Hay un refrán que dice: No hay peor ciego, que el que no quiere ver. Y en ningún caso ninguno de los dos artículos justifica los hechos registrados por el Washington Post de que este presidente, es un mentiroso compulsivo. Según el diario Washington Post, el presidente Donald Trump dice un promedio de 14 mentiras diarias. Hasta el 19 enero, el presidente estadounidense ha dicho 16,241 mentiras, exageraciones o declaraciones engañosas.
Si somos objetivos, vemos que de ninguna manera los demócratas lo sabotean, el mismo con sus actos se sabotea, y para ejemplo basta un botón.
Trump mencionó el virus durante un mitin de campaña el 10 de febrero en New Hampshire, diciendo a la multitud que: “En abril, cuando el clima se caliente un poco, milagrosamente el virus desaparecerá”. Sin embargo ha negado posteriormente, haber hecho estas declaraciones despectivas sobre el virus, que el mundo entero escuchó, y se ha negado a reconocer que él y su administración se han quedado cortos.
Cuando el COVID-19 había comenzado su marcha mortal en todo el país, Trump estaba acusando a los demócratas y a los medios de politizar la enfermedad en lo que según él, era un “engaño” lo del coronavirus para dañarlo políticamente.
En ese período inicial clave, muchas de las características más arraigadas de la presidencia de Trump –su desconfianza en la burocracia federal, los conflictos de personalidad internos, la falta de un proceso formal de elaboración de políticas coherentes y la propia insistencia del primer mandatario en controlar el mensaje público– obstaculizaron gravemente la respuesta federal, según funcionarios actuales y anteriores de la Casa Blanca, y expertos en salud pública.
El colmo del absurdo fue cuando La Casa Blanca expuso en una declaración que Trump actuó para controlar el virus mientras que los demócratas en el Congreso y los medios de comunicación ignoraron el peligro en enero y febrero.
Pero desde los primeros informes internacionales sobre la aparición del virus en China, a finales de diciembre, hasta que Trump declaró una emergencia nacional a mediados de marzo, su administración retrasó o estropeó medidas básicas pero cruciales para contener la propagación de las infecciones y preparar al país para una pandemia, según una revisión del New York Times de los registros internos del gobierno, y entrevistas con funcionarios de la administración y expertos externos.
El presidente ha pasado la mayor parte de su tiempo informativo girando la respuesta desigual y tardía de su administración (que calificó superlativamente de un 10 de 10) en lugar de dar al pueblo estadounidense la evaluación sobria y precisa que necesitan de un presidente “NORMAL” , y no sugerir la ingesta de desinfectantes, que motivó que un grupo de personas tuvieran que ir a los dispensarios para controlar las intoxicaciones.
Por estas razones, esta administración tiene el dudoso honor de tener la mayor cantidad de infectados y muertos en el mundo.
John S. Edenhofer, Hollywood, Florida.