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Cartas

La emotiva carta de despedida de José Martí a su madre

Pintura de José Martí en el museo del Instituto San Carlos de Cayo Hueso, Florida.
Pintura de José Martí en el museo del Instituto San Carlos de Cayo Hueso, Florida. El Nuevo Herald

En marzo de 1895, José Martí se encontraba en Santo Domingo, acompañado de Máximo Gómez, para partir hacia Cuba e incorporarse a la Guerra de Independencia.

Martí estaba consciente que su regreso de la guerra era, prácticamente, imposible. Por tal motivo escribe a su madre, Leonor Pérez, que se encontraba en Cuba, una carta que bien podría considerarse una carta de despedida, para manifestarle su amor, diciéndole: “Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Ud. Yo sin cesar pienso en Ud”. La ternura de Martí en estas líneas es inconmensurable.

Pero, seguidamente, se enfrenta a su madre: “Ud. se duele en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida”. Y así le reprocha su falta de apoyo, su posible rechazo a sus ideas independentistas y a él mismo, pues los ideales y la persona forman una unidad/conjunto indivisible.

Desde luego, doña Leonor era española y estaría a favor de la metrópoli. Sin embargo, esa adhesión a España estaba por encima del cariño a su hijo. Consciente de esto, Martí le dice: “El deber de un hombre está allí donde es más útil”, comprendiendo que su deber estaba en Cuba, en la guerra.

No obstante, le manifiesta: “Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre”. El dolor de Martí por las fricciones con su madre no puede ser mayor, es una “creciente y necesaria agonía”.

Las discrepancias del Apóstol de la Independencia se extienden también al resto de su familia, a sus hermanas y compañeros. Haciendo alusión a éstos le comenta: “¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mí alrededor, contentos de mí!”.

Con este “ojalá” Martí se refiere al presente, en que no están, al igual que su madre, contentos con él y la lucha armada y a su vez manifiesta un deseo futuro en que todos estén a su alrededor: “contentos de mí”.

Después de pedir la bendición a su madre, Martí, sumando y restando afectos y desavenencias, agrega una posdata: “Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que Ud. pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca”.

Martí se fue al campo de batalla sin experiencia guerrera; su fortaleza estaba en su pluma. Se entregó a las balas enemigas y así terminó su existencia llevando en su corazón la “cólera de su amor” de su madre.

Jesús Lázaro, Miami.

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