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Cartas

Miami, ciudad inhóspita

El malhumor miamense aumenta al ritmo del calor veraniego, pues la ciudad se está convirtiendo en megápolis insufrible.

Irrita mucho la abusiva proliferación de peajes por las vías rápidas, sobre todo la SR836 (Dolphin). El Herald publicó una investigación detallada sobre el costo exorbitante de moverse entre el Turnpike y el downtown. Eso podría resolverse suprimiendo algunos peajes o rebajándolos a $0.25 por tramo.

Contribuye al malestar el aumento continuo de la población. A más personas, más vehículos. Particularmente aguda se perfila la congestión en el downtown, donde hay muchos condominios en construcción. No es que las autoridades no hayan hecho nada. Merecen loas por los trolleys, el aumento de autobuses, el paso hacia el Doral por la avenida 97, el túnel al puerto, y la monumental conexión del Dolphin con el SR826 (Palmetto). El Metrorail también ayuda, aunque en sentido Sur-Norte; pronto se añadirá el Tri-Rail. Lástima que no haya línea Este-Oeste. No sería fácil, pues habría que demoler muchos edificios, a no ser que fuese subterránea. ¿Sería posible teniendo en cuenta la naturaleza pantanosa del subsuelo? Luego todo lo complica la adicción de los miamenses al vehículo propio.

La ciudad nació y creció predispuesta al lento transitar. Para moverse de Este a Oeste hay pocas calles sin interrupción; existen, por ejemplo, la Séptima del NW, Flagler, Ocho del SW, Coral Way y Bird Road. Las otras calles paralelas tropiezan con canales o con el Palmetto. En dirección Sur a Norte, las avenidas topan con más canales, otro expressway y los parsimoniosos puentes levadizos sobre el río Miami. Serían necesarios muchos pasos a nivel para paliar la situación. A eso se añade que el aeropuerto rompe la ciudad entre Le Jeune y la SR826; son más de treinta avenidas truncadas por la terminal aérea y sus pistas.

Ha faltado voluntad para sacar de Miami los vuelos de carga. Se habló de un aeropuerto para eso en Homestead, pero el proyecto no prosperó. Menos aún construir uno en los Everglades, algo impensable por razones ecológicas.

Tampoco ha habido en la Florida la visión de los brasileños cuando en 1957 comenzaron a construir una nueva capital, Brasilia. En nuestra península hay miles de acres donde se podrían erigir ciudades lejos de los ya saturados centros urbanos. ¿Utopía?

Convertir a Miami de inhóspita en acogedora presenta formidable reto.

Eduardo M. Barrios, S.J.

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de junio de 2015, 9:49 a. m. with the headline "Miami, ciudad inhóspita."

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