Recibiendo el 2021 entre el temor y la esperanza | Opinión
Ha sido increíble la lucha del ser humano durante casi todo el año 2020 tratando de enfrentar la actual pandemia, cuyo simple nombre hace estremecer el mismo por qué de nuestra existencia.
Admirable la resolución y entrega del personal sanitario, firme y sin desertar a pesar del peligro existencial de cada día de labor. Admiración y agradecimiento también a nuestros servicios de emergencia, fuerzas de seguridad y demás empleos esenciales.
Inestimables los esfuerzos de investigadores, laboratorios y fábricas para implementar las vacunas que, aunque no efectivas aún por años sino solo por meses, han levantado la moral y la esperanza de millones y millones de personas. ¡El gran logro de un proceso acelerado como nunca antes visto!
Y aunque muy lamentable el descuido sanitario de algunos, destáquese el esfuerzo de muchos más al utilizar mascarillas, distanciamiento físico y lavado frecuente de manos para ahuyentar la sombra maligna del COVID-19 que nos atenaza por doquier, como un misterioso fantasma atávico dispuesto a atacar.
Ante este sombrío escenario planetario y bajo el estruendo de voladores, petardos y fuegos artificiales sin público; con música alta y algunos gritos de niños callejeros en el vecindario, disfrutamos un show televisivo de fin de año de una cadena hispana en el Times Square de New York.
Y en un intento de entusiasmo y aliento, un cuerpo de baile con colorido ropaje, mucho maquillaje y sobre actuación, en un esfuerzo fallido de naturalidad y alegría, danzaba con las mascarillas antivirus, pero, cual niños asustados tratando de disimular el miedo. En realidad era la apariencia de unas marionetas asustadas, jugueticos de un destino caprichoso e incierto, a pesar de la celebración del Año Nuevo, que todos nos esforzamos en imaginar mejor y esperanzador.
Mientras tanto, en una inimaginable atmósfera de impensables contrastes —como si nada sucediera— seguimos oyendo de viajes a Marte, de regresar a la Luna, de cohetes invisibles; se van imponiendo los autos eléctricos y se anuncian más confortables aviones y barcos cruceros asequibles al ciudadano promedio; al mismo tiempo que los teléfonos celulares, los televisores y demás sistemas electrónicos sobrepasan día a día nuestra fantasía e imaginación.
Así las cosas, un poco de oración pública y privada pudiera agregarse a los ingentes esfuerzos diarios de este satélite solar por sacudirse la plaga mortal que se asoma, traicionera, en cada rincón de hogares, ciudades y países en esto que llamamos Tierra; nuestro bello e inigualable planeta azul.
Efraín R. Infante, Miami