La derrota de Trump beneficia al Partido Republicano | Opinión
Quizá esta pregunta pueda ser calificada de quijotesca, pero no lo es: ¿Quién o cuál puede haber resultado favorecido por la derrota de Donald Trump y el triunfo de Joe Biden en las recientes elecciones del 3 de noviembre de 2020?
A simple vista la primera respuesta sería el Partido Demócrata y sus seguidores. Pero en segundo lugar, otro beneficiado es el Partido Republicano. Y cuando digo republicano me refiero al viejo partido que tantos de sus dirigentes han impulsado a brazo torcido en las luchas políticas en Estados Unidos.
Republicanos de la altura de Ronald Reagan, con su esposa Nancy —tan querida por todo el pueblo—, de la familia Bush, de John McCain, de Mitt Romney y tantos y tantos otros, que siempre tuvieron bien en claro la filosofía y los ideales de su partido. Y siempre supieron compartir con los demócratas por el bienestar y el prestigio de este país. Un país que ha ayudado y servido a otros países, sus aliados.
¡Cómo olvidar el desembarco de Normandía!, en el que tantos estadounidenses dieron su vida por la libertad mundial, por el triunfo de la democracia; cómo olvidar el acto terrorista a las Torres Gemelas. En estos y muchos otros eventos los estadounidenses, sin mirar a qué partido pertenecían dieron un paso al frente.
Muchos republicanos en las elecciones de 2016 se vieron en la necesidad de votar por Donald Trump, pues era el candidato de su partido al que debían fidelidad. Pero pronto comprendieron que el liderazgo del partido había sido usurpado por alguien sin ideales ni filosofía, que no representaba dignamente la centenaria historia de su partido.
Cuantos dignatarios fieles a su ideología republicana, de diferentes instituciones gubernamentales, fueron despedidos o se vieron en la necesidad de renunciar pues no sentían capaces de seguir trabajando con el presidente saliente, siempre dispuesto a decir una mentira para tapar otra.
Finalmente, los republicanos de pura cepa se han librado del apóstata que se erigió a sí mismo en líder de un partido al que él mismo no pertenecía, un hombre carente de nobles ideales, narcisista y ególatra.
Recientemente, el Senado, de mayoría republicana, sin ningún temor, anuló el veto del presidente saliente al proyecto de ley de defensa, enfrentándolo al verse libres del yugo autoritario, que solo trajo divisiones y discriminaciones. Pronto, todos tomados de la mano podrán devolverle a Estados Unidos su galardón de defensor de la democracia y servidor de su pueblo.
Jesús Lázaro, Miami