La sinceridad del demagogo
De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, la palabra demagogia es definida como “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular”, o como “degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.
Esta sucia manera de ganar adeptos es inherente a la política y, gracias a ella, los hombres adquieren poder y riqueza a base de engaños y mentiras.
Dentro de los partidos políticos, bien sean de izquierda o de derecha, las promesas abundan. Los candidatos siempre prometen equidad y bienestar, casi un paraíso terrenal, sobre todo para las personas de clase media y baja.
El demagogo enardecido por la ambición que lo anima, pone en los oídos de quienes lo escuchan precisamente lo que ellos quieren escuchar, buscando cuidadosamente palabras que no defrauden a sus seguidores, aunque su meta esté enfocada únicamente en lograr sus objetivos.
Con el pasar del tiempo, vendrá el balance de su gestión como gobernante, y entonces, la desilusión de los incautos electores será enorme, al comprobar las cifras maquilladas con la verdadera situación.
Entonces, mientras el pueblo olvida –pues tiene una memoria muy débil–, el demagogo optará por tomar unas “largas y merecidas vacaciones”, con la esperanza de encontrar a su regreso, un nuevo respaldo a sus “brillantes ideas” y voten masivamente para su reelección.
José M. Burgos
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2014, 9:00 p. m. with the headline "La sinceridad del demagogo."