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Ojalá que el sacrificio hecho en Afganistán no sea en vano | Opinión

Cientos de personas corren junto a un avión militar de EEUU que se apresta a despegar en el aeropuerto de Kabul el lunes 16 de agosto del 2021, tras la toma del poder por parte del Talibán. (Verified UGC vía AP)
Cientos de personas corren junto a un avión militar de EEUU que se apresta a despegar en el aeropuerto de Kabul el lunes 16 de agosto del 2021, tras la toma del poder por parte del Talibán. (Verified UGC vía AP) AP

La conmoción nos ahoga el entendimiento a quienes hemos seguido por casi 20 años nuestra intervención y la de la OTAN en Afganistán, poco después de los ataques del 9/11, con el propósito de descabezar al grupo Al Qaeda posicionado en ese país, desde donde principalmente se organizaron los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono.

Aunque cierto olfato histórico, producto de la observación permanente de los hechos acaecidos previamente en Irak (el caso ISIS) y en el propio Afganistán, nos hacía sospechar de las simplistas, irrealistas y optimistas declaraciones de nuestros dirigentes políticos y militares —así como de comentarios de algunos especialistas.

Lo menos deseado sucedió con la bochornosa rendición y/o huida del disque ejército afgano, entrenado, entre otras cosas, para evitar la caída de las capitales provinciales y, esencialmente, evitar la toma de la capital Kabul por parte de unos pocos miles de talibanes, prácticamente armados con unos cuantos vehículos viejos y armamento de mano, muchos de ellos semi obsoletos. ¡Qué vergüenza, qué pena, qué humillación! ¡Qué desaliento para tantos veteranos que arriesgaron sus vidas en esas misiones!

¡Qué tiempo y dinero desperdiciado haciendo de Kabul una ciudad moderna y funcional, restableciendo y modernizando sus servicios públicos. Con escuelas y talleres para jóvenes y muchachas, que ahora volverán a la machista esclavitud de un extremismo religioso no visto ya en ningún otro país! ¡La más oscura edad media las aguarda!

El hecho de que el previo presidente acordara la salida de ese país en base a acuerdos —siempre inconclusos e incompletos antes y ahora en Doja, Qatar— no puede justificar el presente descalabro simplemente por tratar de cumplir al pie de la letra una promesa de campaña, al precio que fuese y en una fecha seleccionada por una administración anterior, sin analizar la realidad presente.

Tristemente, los recientes anuncios eran como un augurio en mi memoria de cuando, a escondidas, escuchaba diariamente en un país del Caribe, por la BBC o la Voz de América —no recuerdo cual— al general William Westmolreland desde Vietnam reportando que la guerra “marchaba de acuerdo a los planes”. Planes que, como muchos recordamos, terminaron inesperadamente con la evacuación de nuestra embajada en Saigón, con casi nuestros diplomáticos colgados de los helicópteros dada la cercanía del Viet Cong que casi ya los tiroteaba.

Quiera Dios que a ese extremo no lleguemos mañana o pasado en el aeropuerto de Kabul y que —a la larga— la pérdida de nuestros muertos, desmembrados y heridos en ese país de las mil etnias y el islam más despiadado del planeta, no hayan sido en vano. Tenga el Cielo piedad de ellos, de nuestras tropas y de nuestro país.

Efraín R. Infante, Miami

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