Nueva ley contra el aborto en Texas tendrá consecuencias que aún no sabemos | Opinión
El 22 de enero de 1973 la Corte Suprema de Estados Unidos legalizó -federalmente- el derecho al aborto. Sin embargo, recientemente, el estado de Texas aprobó una ley que solamente permitiría el aborto a mujeres embarazadas con seis semanas, lo que fue ratificado por la Corte Suprema, solo para ese estado.
Es significativo que Texas, un estado principalmente republicano a varias décadas de 1973 vuelva a tratar el tema del aborto. Se sabe que el presidente Joe Biden, siendo católico, aprueba el aborto y que los obispos no llegaron a prohibirle la comunión.
Esta nueva ley de Texas podría mirarse desde varios ángulos: religioso, para complacer a algunos obispos que siguen insistiendo en este tema tan multifactorial; político para ir en contra de Biden; y también moral. Si bien es cierto que desde el punto de vista moral podría considerarse tan pecaminoso interrumpir un embarazo como evitar que un espermatozoide fecunde a un óvulo maduro, el resultado es el mismo: un niño menos. Véase al respecto la Encíclica Humanae Vitae, de Paulo VI, de 25 de julio de 1968, que explicita esta problemática.
Las clases pudientes podrán viajar a otro estado para la realización de un aborto. Aunque es curioso, que estas mismas clases pudientes se caracterizan por tener uno o dos hijos, ¿y los otros que podrían haber nacido en un matrimonio de varias décadas, dónde están? Usualmente esta personas son pro vida —anti-aborto.
Las clases más perjudicadas serían las de mediana y bajo poder adquisitivo que posiblemente no puedan viajar a otro estado para estos fines y se podría fomentar la práctica ilegal del aborto y sus irregularidades.
El hecho de la prohibición del aborto después de seis semanas, cuando muchas mujeres aún no saben que están embarazas pensando en un posible atraso en la menstruación, determinaría que nazcan muchos niños en contra de la voluntad de sus padres. La mujer pierde el derecho de determinar su libertad. Esto implica que esos niños podrían no ser bien recibidos por sus padres; hasta cierta forma serán hijos que les estorbarían y el afecto prodigado a los mismos quizás pudiera ser deficiente. En un hogar de pocos ingresos una boca más para comer es determinante.
Es posible que cuando pasen algunos años habrá jóvenes y adultos que arrastran un trauma infantil, por no haber sido bien acogidos en su nacimiento lo que podría determinar personas con ciertos desequilibrios emocionales, incapaces de ajustarse apropiadamente a la sociedad.
Todo dependerá del cristal –posición- con que se mire.
Jesús Lázaro, Miami