¿Llegó la hora de que Biden y Putin tengan una conversación privada? | Carta del lector
Es innegable que oyendo y observando por aquí y por allá, en discursos o en comentarios, hay en general una gran inquietud subyacente ante la posibilidad de que el gobernante ruso Vladimir Putin, de verse contra la pared, humillado en gran medida, desesperado y fuera de sus cabales —una vez más— debido al cada vez más evidente fracaso militar en Ucrania, optase por lo que nadie imaginara poco tiempo atrás: el uso de alguna arma nuclear táctica.
Y ni pensar en una estratégica, cuya radiación pudiese llegar a toda Europa y al mismísimo Moscú, dependiendo del viento y otras condiciones atmosféricas.
Debemos reconocer que durante los gobiernos del ex presidente ucraniano Petro Poroshenko y Donald Trump se perdió una oportunidad única de resolver la disputa territorial ruso-ucraniana, cuyos motivos no son algo en blanco y negro y simple de describir, sino una mezcla de aspiraciones territoriales rusas —en parte por la nostalgia soviética—, un profundo patriotismo lleno de rencor justificado por parte de Ucrania, más originalmente un “sano” deseo de algunos habitantes rusófilos por obtener una especie de autonomía en las provincias de Donbas y Lukansh.
En muy pocas líneas diríamos que dadas las aceptables buenas relaciones en aquel momento de nuestro país con el presidente ucraniano y el de Rusia, hubiese sido fácil llegar a algún “acuerdo” con respecto a Crimea y haber declarado de una forma dialogada, con la garantía, por ejemplo, de la Unión Europea, autónomas a las dos provincias, con libre cruce de fronteras y libertad para usar tanto el ucraniano como el ruso, según exigían. Pero esa tarea que quedó pendiente puede actualizarse.
Es imprescindible ahora que Biden tome la iniciativa y llame a Putín. Que lo escuche y a la vez le hable muy seriamente que esa guerra debe detenerse ya.
Que le ofrezca algún “alivio” en sus intentos para que acepte una salida diplomática poniendo, como se dice, los pies en el suelo ante lo irrealizable de su proyecto y su real fracaso. Una franca conversación que logre que su nación —ni él en particular— luzcan tan humillados y que el presidente Zelenski —a pesar de su patriotismo, razones y circunstancial envalentonamiento— pueda aceptar aunque fuese contra su sentir y lograr, al menos, un alto al fuego. Los pagos de reparaciones serían tratados en el futuro.
Estas conversaciones de nuestro Presidente con los dos dignatarios tienen que ser privadas, reservadas, sin cintillos, sin fotógrafos, y sin filtraciones a la prensa.
De seguro que si Biden logra este arreglo, aunque fuese tras bambalinas, el mundo entero se lo reconocerá y le estará eternamente agradecido.
Efraín R. Infante, Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de octubre de 2022, 3:04 p. m..