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Cartas

La Iglesia y el matrimonio gay


Una multitud celebra en Washington la decisión del Tribunal Supremo a favor de los matrimonios homosexuales, el pasado 26 de junio.
Una multitud celebra en Washington la decisión del Tribunal Supremo a favor de los matrimonios homosexuales, el pasado 26 de junio. AP

Recientemente, la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo, sumándose este país a la veintena que desde principios del siglo XXI lo vienen haciendo. Los Países Bajos (2001), Bélgica (2003), España (2005) fueron los primeros, los penúltimos Luxemburgo y México (2015).

Civilizaciones anteriores a la actual, como la helénica y la romana, aceptaban las relaciones homoeróticas, no fueron homofóbicas. Patroclo y Aquiles, Carlomagno y Efisitión son dos de las parejas homosexuales más conocidas de la antigüedad, célebres como guerreros y conquistadores.

La civilización occidental ha demorado casi dos milenios para ponerse al parejo de aquellas que le precedieron y liberarse de la opresión sexual. ¿Por qué? La iglesia primitiva recibió demasiado poder del Imperio Romano cuando oficializó el cristianismo como religión del Estado, poder que mantuvo durante el feudalismo, las monarquías y los imperios, coronando a sus reyes y emperadores, legitimándolos.

Según la democracia fue reemplazando esos sistemas totalitarios por gobernantes elegidos por votación popular, el poder de la Iglesia Católica, principalmente, comenzó a menguar paulatina y significativamente, poder que nunca más recuperará. Ya no son las iglesias cristianas las que ostentan el privilegio de establecer los códigos de valores y morales para regir las sociedades, son éstas ahora las que reclaman ese derecho y lo están ejerciendo.

Ha sido largo y penoso –¡cuántos suicidios!– el camino recorrido por el hombre libre, pensante, democrático, con igualdad de derechos para liberarse de los prejuicios y doble moral del oscurantismo teocrático. El Papa Francisco dijo a principios de su Pontificado: “¿Quién soy yo para juzgar?” lo que motivó cierta esperanza entre sus seguidores por una posible apertura. Pero si bien él no juzga, como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica mantiene la condena a la homosexualidad. Qué decir del matrimonio igualitario cuando recientemente no le aceptó al gobierno francés un embajador ante la Santa Sede por estar casado con otro gay.

Jesús Lázaro

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de julio de 2015, 2:45 p. m. with the headline "La Iglesia y el matrimonio gay."

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