El poder real de un presidente americano
En la columna Obama: ¿poder condicionado o compartido?, de Carlos Duguech [Perspectiva, 27 de septiembre], el autor lamenta el supuesto “poder compartido o condicionado” del presidente de nuestro país; poder que pudiéramos mejor llamar “balanceado”, ya que en una presidencia democrática no pudiera ejercerlo omnímodamente, al estilo de antiguas monarquías absolutas.
Independiente del partido al que pertenezca y además de los tres poderes
presentes en una democracia, nuestro ejecutivo tiene que buscar decisiones
concensuadas después de consultar –y discutir en algunos casos– con asesores, con congresistas y senadores, y con factores de la sociedad civil o militar. Estas consultas, que resultan en un poder balanceado, enriquecen nuestra democracia y no alteran para nada el poder ejecutivo del presidente.
Quizás el periodista compara el poder ejercido en nuestro país con el que aplican otras primeras figuras de nuestra América que, a veces, usan su poder de una manera autoritaria. Son dos formas diferentes de ejercer la autoridad. En nuestro caso, sin embargo, esa autoridad no es compartida ni condicionada más allá de lo razonable, lo democrático y lo prudente.
Efraín R. Infante
Hialeah
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "El poder real de un presidente americano."