El Sínodo y su público
En el Vaticano se acaba de celebrar el Sínodo Ordinario de los Obispos (5-19 de octubre) para tratar los temas que afectan a las familias del tercer milenio. Y, como tantas veces, la Iglesia Católica, que no es un ente anónimo, sino un ente integrado por hombres que se adjudican la autoridad de definir, basados en lo que fue escrito hace miles de años, cuál debe ser el comportamiento de los miembros de las familias actuales.
La experiencia de la Iglesia Católica cada vez que invade el ámbito social o científico está plagada de errores y fracasos pues ha querido dar interpretaciones divinas –impuestas– a situaciones intrínsecamente humanas: G. Bruno en la hoguera, Galileo excomulgado y confinado bajo custodia... Pero la institución eclesiástica, como el hombre individual, sigue chocando con la misma piedra. No aprende de sus errores pasados y recientes.
¿Posee la iglesia –grupo de hombres aglutinados bajo un mismo credo con diversas interpretaciones– el conocimiento antropológico, social, biológico... del ser humano para emitir opiniones y establecer normas de cómo debe ser la familia y cómo debe funcionar?
El hecho de que entre los dirigentes eclesiásticos haya tantas diferencias de opiniones teológicas más que todo indica que la presencia de Aquél que dijo: “He aquí que estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” parece estar ausente, al igual que el Consolador que iba a enviar para que los iluminara.
Y a este mundo tan secularizado como el actual, cada vez más alejado de los dictámenes de Roma, en que los hombres actúan de acuerdo a sus propios criterios: divorcios, abortos, condones, matrimonios igualitarios... respaldados por los gobiernos de sus respectivos países, ¿les va a interesar lo que diga el Sínodo? Desde luego, el Sínodo también tiene su público, pero no es la mayoría.
Jesus Lázaro
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de octubre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "El Sínodo y su público."