Para vivir en paz
Me dio rabia y sentí vergüenza cuando leí la noticia del león Cecil, que le pusieron al dentista cazador en bandeja de plata para que se fuera contento del safari y pudiera poner la cabeza de Cecil encima de su chimenea. El pensará que está bien lo que hizo pues su dinero le costó el capricho. Siempre he estado contra estas cacerías de animales salvajes, insensatas y crueles. Me alegré mucho del impacto que tuvo esta noticia en el mundo entero y de la publicidad que se le ha dado por todos los medios.
Si se le diera esta misma publicidad a la necesidad que tenemos en este país de una regulación sobre las armas, nuestros gobernantes nos darían más atención y apoyo con el fin de poner en práctica una ley para evitar que personas esquizofrénicas, o con otros problemas mentales, o con un historial de delitos, o violencia no pudieran comprar armas.
Se me rompió el corazón al leer la noticia de una abuela que mató a su hija, a sus dos nietos menores de edad y después se suicidó. Si esta abuela no hubiera tenido un arma, todo se hubiera reducido a una pelea doméstica y esos niños y su madre estuvieran vivos.
Un niño de diez años que estaba frente a su casa, recibe un balazo mortal, tal vez disparado por gangueros que pasaban en un auto. Miedo hay hasta de ir al cine, donde ha habido tiroteos con muertos y muchos heridos. ¿Qué hacen estos adolescentes con armas? ¿Qué hacen personas con trastornos mentales o historia de violencia, portando armas? ¿Cuándo se ha visto que una ciudad como Miami, que fue tranquila y nuestros hijos iban al colegio y no había que buscar armas o cuchillos en sus mochilas, se haya convertido en la sede de gangas que se pelean entre sí para hacerse dueños de vecindarios. Los salvatruchas, los de Zona 18, vinieron de Guatemala y El Salvador, y los bandoleros de gatillo alegre –que lo misma matan indiscriminadamente en una fiesta o que acechan en las calles a sus enemigos, disparando sin ton ni son–, siempre dejando inocentes muertos en su camino, son adolescentes que se meten en esas gangas y lo primero que les regalan es una pistola.
Hay que ponerse duro y pedir a nuestros políticos que tomen medidas fuertes, inteligentes y precisas para que podamos vivir en paz como cuando Miami no era tan popular pero era una maravilla para criar a nuestros hijos.
Martha Pardiño
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de agosto de 2015, 0:47 p. m. with the headline "Para vivir en paz."