Una dosis de realidad
Tanto la carta original de Jesús Lázaro titulada El Hijo Pródigo, como la concordancia de Marino López Blanco en Cuba y una visión bíblica, están llenas de esperanza y suposiciones, cosa loable, pero desgraciadamente les falta una dosis de realidad y una correcta interpretación de la parábola del Hijo Pródigo.
El mensaje bíblico, además del perdón del padre y la falta del hijo mayor de no hacerlo, incluye el arrepentimiento del hijo descarriado, que en el caso de Cuba serían de los Castro. Bien lo dijo el Papa Juan Pablo II, que él cita en un orden incorrecto, “que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades y que el mundo se abra a Cuba”. En esto estriba la falacia de las teorías de Lázaro y López Blanco. Marino dice acertadamente que el acercamiento “no implica cambio de régimen en La Habana”. Cierto, y yo añadiría no solo no implica cambio, sino solidifica su permanencia en el poder al darle un impulso económico y un reconocimiento mundial.
Con esa errada premisa, es fácil comprender que el pensar en un futuro mejor para el pueblo sin haber un arrepentimiento legítimo y una apertura al mundo válida de los Castro, no existe razón para establecer una comparación y/o crítica a “una etapa marcada por errores, hostilidad y aislamiento”. Distinta sería la parábola si el “hijo pródigo” regresara a su casa exigiendo al padre más comida y fortuna, para proseguir en su camino desatinado. En ese caso el hermano mayor tendría poderosas razones para pedirle al padre un rechazo a su hermano.
Fernando J. Milanés
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de septiembre de 2015, 0:45 p. m. with the headline "Una dosis de realidad."