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Cartas

Anulación matrimonial


El papa Francisco anunció recientemente que la Iglesia está facilitando los trámites para la anulación matrimonial.
El papa Francisco anunció recientemente que la Iglesia está facilitando los trámites para la anulación matrimonial. EFE

El gobierno totalitario de los Castro demoró más de cinco décadas para dar su brazo a torcer y acercarse a los Estados Unidos, sin renunciar a su ideología. De Cuba sí, yanquis no pasó a Cuba sí, yanquis también. Y, en el medio: sufrimiento, dolor, miseria… ¿Evolución ideológica?

Como dice el Eclesiastés, “no hay nada nuevo bajo el sol; lo que sucedió, sucederá”. Los eventos históricos se repiten en todos los ámbitos: políticos, sociales, religiosos.

Después de varios siglos de intransigencia de la Iglesia, Francisco también, en cierta forma, ha dado su brazo a torcer sin renunciar al dogma, facilitando los trámites y, ¡sin costos!, para adquirir la nulidad matrimonial. Lo que Dios unió no lo separe el hombre, ¡ay, pero se declara nulo!

La anulación matrimonial –potestad reservada a tribunales especiales– declara que por la ausencia de “algunas condiciones” nunca existió el sacramento. Cómo entender que de un matrimonio consumado, con hijos, etcétera se diga que no reunió los requisitos para que fuese sacramentalmente real. Estas “condiciones” no eran conocidas ni se les exigía a los contrayentes conocerlas. ¿Son “estas condiciones” las que validan un matrimonio intrínsecamente como sacramento más allá de lo que lo caracteriza civil y socialmente?

Si se tiene en cuenta el elevado índice de matrimonios civiles –fracasados– que se han divorciado puede asumirse que el porcentaje es semejante en los eclesiásticos. El concilio ecuménico Vaticano II (11-10-62 08-12-65) abrió las puertas un poquitín, Francisco las ha abierto de par en par. ¿Evolución dogmática?

La Iglesia católica, como sistema absolutista, demoró siglos para hacer asequible esta sofisticada solución teológica y en el medio: ¡cuántos matrimonios fracasados, cuánta convivencia obligada, hogares disfuncionales, hijos regados o bastardos…! ¡Cuántas tías solteronas que no pudieron casarse porque sólo se les presentó un hombre divorciado!

Pero no importaba, el “dogma” se imponía, sin misericordia. ¿Ley de Dios o de los hombres? Francisco exclamará que fue Ad Majorem Dei Gloriam (Para mayor gloria de Dios).

Jesús Lázaro

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de septiembre de 2015, 2:42 p. m. with the headline "Anulación matrimonial."

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