El Papa, el dinero y los pobres
Las entrevistas y homilías del papa Francisco en su reciente visita a Estados Unidos han generado todo tipo de comentarios.
El domingo pasado, la sección Perspectiva de el Nuevo Herald trajo comentarios a mi juicio muy acertados y profundos que nos ponen a pensar sobre el papel de la Iglesia contemporánea y sus raíces en nuestra sociedad.
Sobre uno de esos artículos, el de Carlos Alberto Montaner titulado El Papa y la pobreza, como católico veo en sus palabras, más que una crítica, una realidad declarada y expuesta para que los creyentes y no creyentes pongamos las cosas en su verdadero sitio, que es la transparencia y la dignidad con que la riqueza se puede utilizar en beneficio de los pobres. Montaner hace un juicio acertado en cuanto a ayudar a los pobres y el peligro de que esa ayuda se convierta en una penosa dependencia.
No considero la riqueza un pecado; al contrario, las riquezas contribuyen al progreso de la sociedad, a la satisfacción de las necesidades del hombre, a garantizar con sus recursos el modo de vida donde la estabilidad económica y la seguridad social se complementan.
Lo que dijo San Basilio de que el dinero es el estiércol del diablo, en estos tiempos y sobre todo en la Iglesia norteamericana no es así de sencillo. El dinero sí es necesario; si no, ¿cómo pagamos deudas y obligaciones?
No temamos generar riquezas ni recibirlas. Solo tenemos que ser juiciosos y transparentes al distribuirlas y dejemos que los que la producen lo hagan con un buen propósito. Y ayudemos a los pobres a dejar la pobreza y animarlos a que como hijos de Dios ellos también tienen el derecho de vivir dignamente.
R. Antúnez
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de septiembre de 2015, 0:51 p. m. with the headline "El Papa, el dinero y los pobres."