Lo que el Papa sí vio
El papa Francisco regresó a Roma el 26 de septiembre y todavía estamos aquí hablando de él. Su visita redobló mi fe y fue beneficiosa para los que amamos lo que él predica.
Yo extraño su angélica presencia, sus valientes y sabias palabras y su llamado a la compasión y al amor. Nos recordó nuestros pecados y nos enseñó con su ejemplo a retomar la vida de amor incondicional al prójimo y a los más frágiles, como lo hizo Jesús.
He leído en el Nuevo demasiadas críticas al Papa, en especial por “lo que no vio en Cuba”. Les voy a decir lo que sí vio en Cuba: cientos de miles de cubanos sonrientes, inspirados, bajo un sol inclemente, deleitados por su misa en la Plaza de la Revolución, mientras solo tres personas protestaban y querían entregarle panfletos. Al salir de allí ese día saludó a uno de estos tres valientes que querían decir algo que los otros 300,000 cubanos presentes ignoraron. El Papa vio a los jóvenes en el oriente de Cuba a los que dio la oportunidad de debatir en un espacio abierto. En su peregrinar vio muchos cubanos felices por tenerlo allí y darles un hálito de fe cristiana que tanto necesitan para soportar una vida de privaciones.
El Papa lo vio todo, pero algunos aquí no quieren ver que la mayoría en Cuba está hambreada, asustada, adaptada a la férrea dictadura y nunca han sabido que más allá de sobrevivir cada día, o asegurar el techo para sus hijos, hay algo abstracto y bello que se llama derechos humanos. Para completar el sin sentido, es Miami el que les suple los necesarios dólares para subsistir, a través de familiares o de cubanos recién llegados –que se acogen a la Ley de Ajuste para agarrar el welfare y montarse en un avión a Cuba a disfrutarlo– mientras que nosotros pagamos los impuestos para esta ignominia. Y son nuestras leyes, nuestros congresistas electos quienes mantienen esa absurda y obsoleta ley porque no han hecho nada por cambiarla. ¡Cuántas cosas debemos hacer aquí por nuestra parte que no hemos hecho!
No le pidamos al Papa, o al presidente Obama, o a los que allá se han resignado a vivir una vida miserable, que hagan lo que nosotros declinamos hacer, porque no quisimos arriesgar la vida o la libertad. Parece que se nos ha olvidado la razón por la que abandonamos la patria.
El Papa llevó alegría, llevó paz, llevó reconciliación y misericordia, que es lo que él tiene que llevar porque es un hombre de Dios. También la trajo aquí, y cientos de miles de americanos lo siguieron a donde quiera que fuera, porque todos necesitábamos un ejemplo inspirador como él. No señalemos la paja en el ojo ajeno, olvidando la viga en el nuestro.
Carmen Iglesias Bolufé
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de octubre de 2015, 4:54 p. m. with the headline "Lo que el Papa sí vio."