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Cartas

Intransigencia religiosa

Pocos días atrás, motivado por los terribles atentados terroristas perpetrados en la capital francesa el viernes 13 por el grupo islámico ISIS, alguien, curiosamente no creyente, colgó en un portal cibernético este mensaje: “Por favor, por amor a Dios, no maten más por amor a Dios”. Y es que quitarle la vida a otros seres humanos defendiendo una ideología religiosa resulta incomprensible, absurdo. Aunque, desde luego, no es nada nuevo.

Habría que cerciorarse para estar completamente seguro, pero quizá el mundo antiguo, el que precedió a la Edad Media, no conoció este fenómeno humano-religioso. Posiblemente, los antiguos pueblos politeístas eran más tolerantes y respetuosos en cuanto a las creencias religiosas de los otros pueblos. Iban a las guerras por conquistar tierras, u otros aspectos políticos, pero no porque sus dioses los llamasen a matarse entre sí.

Estos celos religiosos que llegan al derramamiento de sangre se observan, primeramente, entre culturas monoteístas surgidas de supuestas revelaciones de un dios personal: Jehová. Entre los descendientes de Isaac –el hijo de Sara, legítimo y heredero– y los descendientes de Ismael –el hijo de Agar, desheredado– ambos éstos abandonados en el desierto por el gran patriarca, padre de los dos. ¿Habrá en el inconsciente colectivo de estos pueblos rencillas sin resolver ocultas y cubiertas por los siglos, pero latentes?

¿Cómo justificar las llamadas Cruzadas, aquella serie de campañas militares durante la Edad Media contra los musulmanes del Medio Oriente que habían conquistado Jerusalén, Tierra Santa?

Más incomprensibles aún son los enfrentamientos que acontecieron entre luteranos, calvinistas, anglicanos y católicos –todos cristianos– después de la Reforma protestante y la Contrarreforma católica. Bastaría recordar a María, la Sanguinaria, hija de Enrique VIII. En aquellos oscuros tiempos surgió la Santa Inquisición, también los potros del martirio, las hogueras quemando herejes… todo en honor del mismo Dios.

También las llamadas guerras de religión en la Francia de Catalina de Médicis entre católicos y hugonotes con la disonante Matanza de San Bartolomé. ¿Cuántos europeos emigraron hacia América huyendo a las persecuciones religiosas, dando lugar más tarde a los Estados Unidos, donde brotó la libertad religiosa?

Cabría preguntarse, si Dios realmente existiese, ¿por qué tanta intransigencia? ¿Necesitaría Este que sus seguidores se matasen entre sí para defenderlo? ¡Injustificable!, ¡injustificable!, ¡injustificable!

Jesús Lázaro

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de noviembre de 2015, 0:12 p. m. with the headline "Intransigencia religiosa."

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