Sobre el salario mínimo
Se cuenta que el presidente de un país dijo: yo los gobierno a todos. Seguidamente, un militar: yo los protejo a todos; un médico: yo los sano a todos; un abogado: yo los defiendo a todos; un maestro: yo los enseño a todos… Finalmente, se alzó la voz de un campesino curtido por el sol: yo los alimento a todos. En una sociedad equilibrada cada cual aporta lo que es capaz de producir, lo que sus habilidades le permiten. La dificultad consiste en lo que cada cual percibe por su trabajo, en cómo su trabajo es valorado por la sociedad.
El tema del salario mínimo es poli factorial, unos en contra –con puntos de vista válidos–, otros a favor, con puntos de vistas válidos y diferentes. La cuestión consiste en encontrar una solución favorable y equilibrada.
Algunos de los que se oponen lo hacen desde sus bolsillos. Temen que suban los precios y tengan que pagar más por productos y servicios sencillos. Por ejemplo, cuantos piensan como repercutirá en el precio de productos como los de McDonald’s, aunque pagan cualquier cantidad por un teléfono inteligente.
Sin embargo, quienes poseen un salario adecuado, quizá sobrevaloran su trabajo e infravaloran el de los otros. No consideran el trabajo de aquellos, que temprano en la mañana, les brindan un suculento desayuno, incluso en la ventanilla del carro. Si estas personas tuviesen que prepararse su desayuno antes de salir de sus casas podrían estimar un poco más el trabajo de aquellos que les sirven y ganan un salario mínimo con el cual, escasamente, se mantienen a sí mismos y a sus familias.
Muchos de los que perciben un salario mínimo (en la Florida $8.05) quizá no tuvieron la oportunidad de estudiar, o no nacieron con mejores habilidades. ¿Qué sucedería si la mayoría de los ciudadanos de este país fuesen universitarios? Muchos estarían sin trabajo, o como en algunas sociedades europeas manejando un taxi, porque el mercado se saturó de profesionales.
Quizá sea hora de estudiar profundamente el valor monetario de cada trabajo, por sencillo o humilde que sea, sin estar repitiendo constantemente: yo me quemé las pestañas estudiando.
Jesús Lázaro
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de diciembre de 2015, 0:43 p. m. with the headline "Sobre el salario mínimo."