Indiferencia y abandono
Hay cosas que no puedo comprender y por las que me siento hasta cierto punto, culpable.
Recuerdo una vez que asistí a una reunión en la capital de mi país en la que vi cosas que quisiera olvidar y no he podido.
Es una ciudad inmensa en donde todos tienen prisa y las personas han perdido la sensibilidad.
Recuerdo haber visto en las calles niños de cinco años o quizás menos vendiendo frutas o golosinas, lustrando zapatos, limpiando los parabrisas de los autos y exponiendo sus vidas, a cambio de unas míseras monedas.
Niños que han perdido prematuramente su inocencia y se enfrentan a un mundo despiadado y cruel.
Niños que son producto del abandono de padres irresponsables.
Pequeños que desde su más tierna edad sólo han visto miseria y dolor y que además, han víctimas de maltratos físicos y sicológicos. Seres indefensos que luchan por sobrevivir ante la indiferencia de una sociedad indolente.
La vida de estos pequeños no vale nada, muchos mueren prematuramente en riñas callejeras o atropellados por vehículos.
Paro ellos no cuentan para las estadísticas. Los periódicos y los noticieros no se preocupan por sus tragedias, porque es más importante informar acerca de un artista de televisión que se peleó con su novia o de otro que se divorció.
Muchos de estos niños no llegan ni siquiera a la adolescencia, y si llegan, se convierten en muchachos rebeldes y resentidos con una sociedad que los abandonó a su suerte y que ahora los critica sin piedad sin detenerse a analizar las raíces sus males.
Hace algún tiempo se informó de una niña de tan solo 12 años que quedó embarazada debido a la violación constante por parte de su padrastro, que abusaba de ella desde que tenía 8 años.
Estas noticias me hielan la sangre y me llenan de ira e indignación, no sólo por la infamia del degenerado violador que fue capaz de cometer tan aberrante delito, sino porque ahora la sociedad condena a la víctima y le cierra las puertas inmisericordemente. Y lo más triste es que las violaciones se volvieron delitos comunes y los culpables pagan penas muy cortas.
¿Dónde comienzan los derechos del niño? ¿No puede hacer nada el Estado para corregir esta situación? ¿Qué va a ser de una criatura por nacer, producto de una violación? ¿Quién puede contestar a estos interrogantes?
En mayor o menor grado, todos somos responsables y no debemos cerrar los ojos ante este aterrador panorama que se presenta a diario en nuestras ciudades latinoamericanas.
José M. Burgos S.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2015, 11:23 a. m. with the headline "Indiferencia y abandono."