Cartas

¿Normalización al estilo chino?

Al leer el artículo Obama: la normalización con Cuba tomará tiempo, de Alfonso Chardy [el Nuevo Herald, 18 de diciembre], las varias declaraciones de una y otra parte al cumplir un año el restablecimiento de relaciones, contrastan las ideas sobre la utilidad de las mismas.

A pesar de la formal reconciliación Cuba-USA, es notoria la persistente y recrudecida vesania del régimen que avasalla a opositores por doquier, lo mismo con golpes, que con presiones coercitivas, psicológicas o con prisión, express o permanente. Incluido el semanal e inmisericorde atropello a las Damas de Blanco y a sus acompañantes.

No obstante esta inobjetable realidad, el propio presidente de la nación, sus personeros y algunos voceros del exilio proclaman como un éxito la nueva situación diplomática. Ellos recomiendan mucha paciencia y el atropello castrista lo contrastan con la mejor “comunicación de pueblo a pueblo” y con el manoseado “empoderamiento” de parte de la población. Ambas cosas merecedoras de un análisis aparte.

El hecho positivo de que cientos o miles de cuentapropistas desarrollen modestos negocios con recursos enviados por sus familiares en el exterior y que otros ciudadanos obtengan divisas alquilando casas o estudios a turistas –algunos utilizando agencias internacionales que manejan este tipo de negocio– no eclipsa ni alivia la sistemática represión a contestatarios y opositores, por el simple hecho de discrepar pacíficamente del sistema político imperante.

La repetida y trillada palabra empoderamiento no implica que los beneficiados intenten o logren convertir en democracia a un sistema totalitario con tan solo el incremento del per cápita de algunos.

La recomendación de “normalización escalonada” rememora los más de 50 años transcurridos de apertura hacia la China comunista, en la cual es cierto que miles han mejorado su estatus económico, pero sólo al precio de resignarse a la eterna sumisión política del omnipotente partido único. En otras palabras: un poco de pan de gloria para sólo una parte de la población a cambio de la humillante, eterna e incondicional renuncia de toda una nación a los derechos cívicos y políticos que todo ser humano merece; cubanos incluidos.

Señor, salva Cuba, por favor.

Efraín R. Infante

Miami

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