Vivir de ilusiones
No vale la pena discutir con los que apoyan las medidas conciliatorias con los regímenes dictatoriales de Cuba y Venezuela por intereses propios, ya ideológicos o económicos.
Para los ilusos que todavía creen sinceramente en un cambio de régimen donde los opresores participen hacia un futuro democrático, las mejores demostraciones de que les esperan desengaños no provienen de los muchos, que como yo, creemos en que la única vía realista es terminar con los autócratas gobernantes Raúl Castro y Nicolás Maduro con la fuerza, ya militar, o económica.
En su alocución al pueblo como despedida del año, Castro anunció mayor sacrificio del pueblo anticipando una peor economía. Su más reciente “salvavidas” ha sido el presente gobierno de EEUU, que ha ofrecido ayuda económica a través de apertura turística y posibilidades comerciales sin recibir nada tangible a cambio, pero Castro no ofreció ninguna reforma, al contrario, reafirmó “jamás aceptaremos condicionamientos que laceren la soberanía de la patria, y debe respetarse el derecho de elegir el sistema económico, político, y social que se desee sin injerencia de ninguna forma”. Para más aclaración de que “el cuartico está igualito” con ellos en el poder, exigió a Obama levantar el embargo y devolver la base de Guantánamo.
En Venezuela, su compinche Maduro, confrontado por una aplastante derrota electoral, utilizó los últimos días de control legislativo para nombrar nuevos miembros al Tribunal Supremo e impugnar a ocho diputados con el propósito de suspender el poder dado electoralmente de una mayoría absoluta.
Un jarro doble de “agua fría”, para los ilusos que todavía no comprenden que para acabar la rabia hay que acabar con el perro.
Fernando J. Milanés, MD
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de enero de 2016, 4:40 p. m. with the headline "Vivir de ilusiones."