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Cartas

Las revoluciones y la Iglesia

Ocho años después del triunfo del marxismo en la China continental el monopartido implantó en 1957 el modelo de control de las iglesias a través de una Asociación creada al efecto: la Asociación Patriótica Católica China (las menos visibles eran la Three Self Patriotic Chinese y la Islamic Patriotic Chinese Association para los protestantes y los islámicos, respectivamente ). El objetivo final era el controlar y regular toda expresión religiosa dentro de la nueva sociedad en construcción.

En verdad, esto fué un gran aporte de los chinos a la praxis de la revolución. En el occidente cristiano las iglesias ortodoxas no necesitaban de este aparato, toda vez que a pesar de las cruentas persecuciones leninistas, la iglesia formaba parte del alma nacional rusa. Demostrado quedó cuando la Gran Guerra Patria. Entonces muchos de los tanques enviados al frente de batalla fueron financiados por los cepillos de las iglesias ortodoxas rusas. Stalin, un antiguo y devoto seminarista siempre tuvo a bien agradecer el gesto. A su manera.

La metástasis cubana dos años después, no necesitaba de un intermediario. La represión sería ejercida directamente desde la Oficina Para Asuntos Religiosos del CC del Partido. Con oraciones e incienso.

Los chinos clavaron un puñal en el costado de Pío XII, a mediados del siglo pasado del cual nunca se recuperó. El meollo del asunto consistía, consiste, en la sucesión apostólica, que es fundamental para el catolicismo. Algo parecido a las luchas iglesia- imperio que terminaron con el concordato de Worms en 1122. La Asociación china podía vetar a los candidatos a obispos; no reconocerlos; o encarcelar a los recién ordenados, sino se atenían a sus órdenes.

En el socialismo caribeño el veto no era necesario, dado que ninguno de los aspirantes, durante estos seis decenios, constituía un peligro para el establishment cubano. El seminario criollo pronto agotó la promoción de bozas, meurices o romanes. Las cosas quedaban claras desde la admisión de los apirantes en los seminarios menores. Las ordenaciones se hicieron en paz, ante el nuncio apostólico y con los primeros asientos reservados a los invitados del monopartido.

El otro asunto, de gran importancia en la China (no tanto en Cuba) es el papel del Papa en la jerarquía de la iglesia. Ese hombre “vestido de blanco “ y su prédica, en el centro mismo del occidente y con territorio propio, por minúsculo que sea, nunca será bien entendido por el pensamiento de Confucio, Lao Tse o Mencio. De esa de filosofía oriental los bonzos del comunismo chino fueron y serán los mejores garantes de su pureza a través del nuevo prisma del marxismo.

En Cuba la figura papal es cálida y cercana. Las relaciones diplomáticas con el Vaticano se remontan a 80 años. Es bien conocida la actuación de Juan XXIII cuando la crisis de los misiles y la relación con el islamismo aún se percibe lejana. La euforia con la tripleta papal entre los antiguos alumnos jesuítas y algunos laicos entusiastas todavía es palpable. He aquí el porqué el modelo cubano de iglesia nacional no contrapone las enseñanzas evangélicas y la figura papal a los lineamientos del partido y viceversa. Esta confrontación no es necesaria; el reino en el archipiélago no es de este mundo y la insistencia de San Juan Pablo II para que no tuvieran miedo tenía un fundamento real. La cobardía se les dió por añadidura.

Santiago​ Cárdenas MD

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de enero de 2016, 4:34 p. m. with the headline "Las revoluciones y la Iglesia."

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