La dignidad perdida
Existen valores éticos que cuando se pierden, nunca pueden volver a recuperar, uno de estos es la dignidad.
Desafortunadamente, en el mundo existen muchos dirigentes que no pueden perder su dignidad porque nunca la han tenido, y otros que la han vendido al mejor postor.
La dignidad está íntimamente ligada a la excelencia, la honorabilidad y el decoro de los seres humanos que se reflejan en su comportamiento. Un individuo que se comporta con dignidad, es dueño de una elevada moral, sentido ético y comportamiento honroso.
Hay mandatarios que carecen de esta cualidad y que con el dinero del erario público, compran conciencias, ultrajan y humillan a quienes no estén de acuerdo con sus arbitrariedades.
Estos individuos, al perder la dignidad –si algún día la tuvieron–, han perdido con ella la confianza y el respeto de las personas de bien, y aunque quisieran, es imposible recuperar estos valores, dado que, en el remotísimo caso de que algún día la voz de la conciencia los acusara y se arrepintieran, recobrar la dignidad perdida es tan difícil como pretender reparar un costoso jarrón de porcelana que se cae y se rompe en mil pedazos. Se puede reparar, pero siempre quedará remendado. Esto mismo sucede cuando se pierde la dignidad y la confianza.
José M. Burgos S.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de enero de 2016, 11:05 a. m. with the headline "La dignidad perdida."