Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Cartas

Lo que aprendí al final del Año 2014

Nueve años atrás, cuando mi hijo fue llamado por nuestro Señor con solo treinta cuatros años de edad, me sentí traicionada por aquel que murió en la cruz por mí. Alguien me dijo en aquel entonces que él nos prestaba a nuestros hijos y teníamos que devolvérselos cuando los necesitaba para una misión de caridad en la tierra. Yo, como loca comencé a gritar que quien era él para arrebatarme el fruto de mi amor que había crecido en mis entrañas. ¿Dónde estaba cuando creía morir con los dolores de parto al traer a mi hijo a este mundo? ¿Dónde estaba cuando yo sufría por un hijo enfermo o por mis padres y hermanos? Y seguía preguntando ¿Dónde estás ahora que no me ayudas con este dolor que me desgarra el corazón? Los años fueron pasando; cada día sentía la presencia de mi niño a mi lado, era como si el Señor estuviera contestándome: Él no se fue, sigue junto a ti porque no perdiste a tu hijo sino que ganaste un Ángel que te sigue a todas partes. Entonces recibí otro golpe duro en mi corazón; falleció mi esposo y compañero por cuarenta y tres años y dos meses. Pero extrañamente pensé a pesar de mi dolor y mis lágrimas; he ganado otro Ángel que me cuidara para siempre. Porque encontré todas las respuestas a mis preguntas cuando enloquecida por el dolor de perder a mi hijo le di la espalda a mi Dios y lo culpé de mi desdicha. ¿Quieren saber dónde estaba él cuándo yo lo necesitaba? ¡Estaba ahí! A mi lado orando para que mi hijo naciera con salud, para que nada nos pasara a los dos. Cuando yo sufría y lloraba él estaba a mi lado, cuando caía él me levantaba, siempre estuvo junto a mí en los momentos más dolorosos de mi vida. Ahora pienso que me prestó a mi hijo por treinta y cuatro años; pude verlo crecer, casarse y tener tres hijos; tengo tres hijos más y diez nietos. Hay otras personas que han perdido un hijo y no tuvieron la dicha de verlos crecer y formar una familia. ¡Entonces yo he sido bendecida por nuestro Señor! Tengo dos Ángeles en el cielo que siempre caminaran junto a mi hasta el día que vengan a buscarme para seguir juntos toda una eternidad.

Eso es lo que debemos de pensar cuando se nos va un ser querido, ellos están haciendo un trabajo como Ángeles del Señor, pero siguen a nuestro lado y si cerramos nuestros ojos y pensamos en los bellos momentos que pasamos felices les aseguro que podrán sentir el calor y aroma de sus cuerpos.

Solamente hay que creer, tener fe y seguir hacia delante porque todos tenemos una misión que cumplir. Aceptaremos nuestro destino y sobre todo extenderemos una mano a los necesitados porque nosotros no nos merecemos todo de gratis; hay que ganárselo con amor y dedicación. Y recuerden que nunca pasamos los malos momentos solos, ¡Él siempre está junto a nosotros!

Esperemos que en este nuevo año nos traiga mucha paz en el mundo entero.

¡Amén!

Mireya Cisneros-Paneque

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de enero de 2015, 6:00 p. m. with the headline "Lo que aprendí al final del Año 2014."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA