La muerte y el alma
Si la muerte pisa mi huerto, quien firmará que he muerto… (Serrat). Hoy día no hay muerte legal sin que un profesional de la medicina la certifique con su firma. ¡La muerte!, el final de todo el que nace e incluso puede serlo del no nacido.
Los más primitivos seres en la historia de la evolución definidos como humanos, el de Neandertal y el Homo sapiens, fueron los primeros que con una conciencia incipiente se percataron de lo que es la muerte. Con su memoria poco desarrollada podían visualizar en sus rústicas mentes las imágenes inmateriales de quienes habían partido; durmiendo soñaban con ellos. Los veían tal como eran antes de morir, y mal supusieron que seguían vivos, pero sin sus cuerpos físicos, que se habían separados de éstos y les llamaron almas o espíritus. Como tributo y para no ver el proceso de corrupción, comenzaron a enterrarlos. El hombre es el único animal que entierra a sus muertos.
A los de ciertas dignidades en sus entierros les proporcionaban alimentos y utensilios que podrían necesitar en el viaje. Apareció el culto a los muertos. Los entierros se convirtieron en costumbres, éstas en tradiciones, perpetuadas hasta la actualidad. No faltaron entre ellos los llamados brujos o chamanes que habiendo ingerido sustancias alucinógenas decían comunicarse con los muertos, recibiendo y transmitiendo mensajes.
El culto a los muertos en las diferentes culturas y civilizaciones ha adquirido infinidad de manifestaciones. A los difuntos se les ofrecen flores… hasta misas; se despiden. Continúa como verdadera la creencia en el alma o espíritu, y en la otra vida. El hombre no se conforma a finiquitar su existencia; se aferra a seguir viviendo aunque sea en otros mundos a los cuales no tiene acceso, ni comunicación.
Décadas atrás ese lugar eterno estaba detrás de las nubes: el cielo, en el que “las almas de los santos... y de todos los demás muertos después (…) vieron y ven la divina esencia [de Dios] con una visión intuitiva, cara a cara… (Canon 1023, Catecismo de la Iglesia católica). La era espacial lo desmitificó. Ahora, ese cielo ya “no significa un lugar en [“el espacio”] sino una manera de ser” (Canon 2794). ¿Qué se entiende, pues, por alma, cielo y manera de ser?
Jesús Lázaro
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de enero de 2016, 2:58 a. m. with the headline "La muerte y el alma."