Cartas

Los narcoterroristas de las FARC

Un policía colombiano custodia un decomiso de 7.7 toneladas de marihuana, supuestamente pertenecientes a las FARC, en la ciudad de Cali, en marzo del 2013.
Un policía colombiano custodia un decomiso de 7.7 toneladas de marihuana, supuestamente pertenecientes a las FARC, en la ciudad de Cali, en marzo del 2013. EFE

La mayoría de los colombianos no puede comprender cómo el gobierno encabezado por Juan Manuel Santos ha entablado diálogos de paz en La Habana con el siniestro grupo terrorista de las FARC, sin tener en cuenta la opinión de la mayoría del pueblo colombiano, que rechaza dichos diálogos con estos delincuentes. Las FARC, durante muchos años, no han hecho más que cometer innumerables crímenes de lesa humanidad con el único objetivo de dominar e imponer sus ideas mediante atentados que dejan una estela de muertes, mutilaciones de personas inocentes, ruina, desolación y heridas que no sanan.

Dialogar y no castigar a quienes arrasan pueblos enteros, matan sin compasión a mujeres, ancianos y niños sin castigar a los culpables de estas atrocidades equivale simple y llanamente a ser cómplices de la maldad.

No se puede justificar lo injustificable. Jamás debe premiar a narcoterroristas desalmados dejándolos sin castigo.

Con los criminales no se debe dialogar. Se deben castigar pagándoles con la misma moneda y aún así quedan debiendo, pues ellos han asesinado, extorsionado y secuestrado a personas inocentes a quienes han encadenado durante horas a árboles, los han encerrado en campos de concentración rodeados de cercas de alambre de púas y los han tratado peor que a animales sin piedad. Eso es lo que ellos merecen como mínimo, que les caiga todo el peso de la ley y los encierren como fieras.

Algunos terroristas niegan sus crímenes y defienden el uso de la violencia con el pretexto de que sus sangrientas acciones se deben a legítima defensa, pero las FARC, con todo cinismo, los aceptan.

Desgraciadamente, muchos narcoterroristas han sido y son protegidos por algunos gobernantes carentes de principios morales.

José M. Burgos S.

Miami

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