Cuba, esperanza tras esperanza
Son variadas las situaciones que desde hace mucho tiempo han sustentado en el cubano de a pie la esperanza de un cambio político en el gobierno castrista-militar que oprime a la nación.
Si nos remontamos en tiempo, la invasión de Playa Girón en 1961 (Bahía de Cochinos para los americanos) alimentó por unos pocos días esa expectativa de cambio. Pero, al contrario, aquel cambio fue para peor.
Entre otros momentos de expectativas patrias, el calendario dio un gran salto cuando en 1991 se desintegró la Unión Soviética, madrina y sustento del castrismo. Pero tampoco nada positivo produjo este hecho en la nación.
Otra luz de esperanza alumbró el acontecer isleño en 1994 durante el llamado “maleconazo” durante el cual espontáneas y atrevidas manifestaciones anti-sistema surgieron en La Habana, lo cual pareció, de momento, estremecer al régimen y ponerlo en aprietos. Pero, luego, entre detenciones y amenazas, el agua totalitaria tomó de nuevo su nivel y la dictadura se repuso, aunque el acto de rebeldía cívica hizo aumentar y fortalecer a los grupos disidentes y contestatarios.
En febrero de 1996 hubo otro hito de esperanza cuando muchos esperaban una drástica reacción de Estados Unidos ante el alevoso derribo de dos aviones desarmados de Hermanos al Rescate, cuyos tripulantes eran en su mayoría ciudadanos de esta nación. Pero nada sucedió y, nuevamente, tanto el exilio como el pueblo intramuros, en su desencanto, se resignó, de cierta manera, a seguir esperando, no sin antes maldecir a los que produjeron y permitieron un acto tan cruel y desalmado.
Y, resumiendo, durante las visitas papales a la Isla, durante el impresionante recorrido procesional por todo el país de una imagen de la Virgen de la Caridad bajo una intensa prédica de reconciliación y fraternidad, así, como, más recientemente, frente a las jubilosas expectativas de la restauración de las relaciones diplomáticas Cuba-USA, un manto de decepción ha reemplazado la esperanza y alivio que cada uno de estos hechos habían creado en la población.
Una vez más, la publicitada visita del presidente estadounidense a la Isla propicia sentimientos de aliento esperanzador en algunos. Pero ante la duda de un resultado positivo, una especie de fatalismo histórico la precede inevitablemente con una nube de escepticismo.
No obstante, ante tantos momentos de tristeza, frustración y fracaso, debiéramos rogar y seguir batallando para que en algún momento cercano, debido a cualquier eventual situación, los tan repetidos momentos de desesperanza sean reemplazados no por otra frustración nacional, sino por un chasquido de esperanza que cambie irreversiblemente, de una vez por todas, el destino de la Patria.
Efraín R. Infante
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de marzo de 2016, 11:57 a. m. with the headline "Cuba, esperanza tras esperanza."