Cuando un amigo se va
Un grupo de amigos llevamos meses esperando la noticia del fallecimiento de Waldo Fernández (Marakka) y hemos seguido la saga de sus ocurrencias, su irrespeto jaranero a cualquier acontecimiento y su viral irreverencia bordeada de una honestidad hiriente a veces y otras alegres.
Nuestra amistad surgió en el concierto del grupo Rockstalgia (1997) y, desde ese momento, fuimos inseparables. No siempre estuvimos de acuerdo en todo pero siempre terminábamos abrazándonos y defendiéndonos de algunos “buitres” que siempre nos rodearon hipócritamente haciéndose pasar por nuestros amigos. Nuestra amistad se convirtió en una especie de hermandad donde cohabitaban desacuerdos a gritos y puntos de vista concordantes. Él mismo bromeaba cuando lo tuvimos que visitar frecuentemente al hospital donde según él “se hospedaba” y hasta bromeaba diciendo que él ya estaba oficialmente muerto pero que seguía respirando porque “estaba en el papeleo”.
Waldo enfrentó la vida desde pequeño como una especie de “rosca izquierda” pero con sinceridad. Nunca se guardaba sus sentimientos fuesen cuales fuesen. Ayudó a muchos artistas “del patio” como él los llamaba y defendió a quienes no se lo merecían ni se lo agradecían pero él, hombre bueno al fin, seguía tropezando con la misma piedra.
El exilio (histórico, histérico, activo y pasivo) tiene que agradecerle el rescate de la cultura cubana. Muchos lo acusaban de pirata. Waldo no pirateaba; Waldo “rescató” nuestra cultura antes que el castrismo la desapareciera de los archivos del ICRT y el ICAIC como ha hecho con todo lo surgido antes de la involución. Ladrón que roba a ladrón…
Waldo, tus verdaderos amigos te van a extrañar. El mundo pierde a un cubano criollo y rellollo como pocos que nos hizo el exilio menos punzante. Pedimos al creador que nos enseñe a vivir cuando un amigo se va.
Alexander Domínguez
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de marzo de 2016, 0:54 p. m. with the headline "Cuando un amigo se va."