El cardenal en la historia
Hombre de fina espiritualidad, sacerdote de devota oración y entregado ciento por ciento a su iglesia se despide Jaime Lucas, el Obispo de la Habana, entrando de lleno en la historia eclesial cubana. Lleva a su favor sus 35 años de estabilidad de una iglesia viable en medio de un marxismo duro; la tripleta de las vistas papales y la refundación del Seminario Mayor. Pero su legado se vuelve controversial cuando se analizan desprejuiciadamente otros aspectos de su labor político-pastoral.
No es católico en el sentido de universalidad, anteponiendo su grupo y su pequeño rebaño a las necesidades de todo un pueblo. No supo distinguir a los pobres en medio de la miseria que engendra el comunismo, ubicándose él mismo en una élite distante y refinada. Su desdén por el movimiento de derechos humanos se ha hecho evidente en todo tiempo y lugar y la imposición de sus criterios al resto de los obispos cubanos desde su posición cardenalicia permitió la fundación de una iglesia “nacional” al mejor estilo chino en el Caribe. Su obsequiosa y complaciente postura ante cada imposición de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central pasará a la historia como un baldón para la Iglesia Católica cubana.
Santiago Cárdenas
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de abril de 2016, 8:43 a. m. with the headline "El cardenal en la historia."