La ‘canonización’ de Muhammad Ali
El deceso de la celebridad ha desatado tantas bocanadas de incienso, que parece celebrarse una canonización por aclamación popular.
Dejemos claro que no se debe hacer leña del árbol caído. Recordemos, además, lo que dice un personaje de García Márquez en Crónica de una muerte anunciada, a saber, “hay que estar siempre a favor del muerto”.
Pero tampoco se puede permitir que la muerte borre las limitaciones humanas de los difuntos.
¿Por dónde llegó Ali a la fama? Principalmente por su habilidad para vencer en el cuadrilátero boxístico.
Pero, ¿qué es el boxeo? ¿Merece el nombre de deporte? ¿No se aconseja el deporte como práctica favorable a la salud física y mental? ¿Es saludable recibir en la cabeza golpes tan contundentes como coces de mula? ¿No es cierto que cada año fallecen boxeadores por hemorragia cerebral? ¿Se conocen ex boxeadores que hayan llegado a edad avanzada, digamos a nonagenarios? ¿Por qué Ali sólo llegó a los 74 años tras mucho tiempo plagado de enfermedades como el Parkinson? ¿Por qué en ciertos países se oponen tanto a las corridas de toros por compasión hacia el bovino, pero no se oponen al potencialmente letal boxeo? ¿Puede el siglo XXI considerarse civilizado mientras sea legal el salvaje pugilato?
Ali también hizo noticia por su apostasía. Dejó su religión cristiana para unirse a la llamada Nation of Islam, organización más política que religiosa, grupo mayormente centrado en los derechos civiles de los afroamericanos. De ahí pasó a un Islam más común, el sunita, para finalmente afiliarse a la secta sufista, la más espiritual y pacífica. Si Ali hubiera nacido musulmán, ¿se hubiera podido convertir en cristiano? Quienes osan hacerlo, la pasan mal. Abandonó la religión del amor universal, la que predica incluso el amor a los enemigos (cfr. Mt. 5, 44) por una religión que se presta a interpretaciones intolerantes. El Cristianismo no designa despectivamente a los no cristianos como “infieles”, sino que enseña que Dios juzgará a cada cual conforme a la fidelidad a su conciencia. Las iglesias cristianas defienden la libertad de culto.
Cassius Clay, convertido en Ali, procreó dos hijos y siete hijas mediante sus cuatro esposas más ciertas relaciones extramaritales. ¿Es ése el modelo de un hombre de familia? ¿Puede presentarse Ali como esposo y padre ejemplar a los jóvenes que aspiran a fundar un hogar estable?
La muerte del legendario púgil debería acogerse con respeto e incluso con agradecimiento por sus aportes positivos. Pero más que excederse en alabanzas hacia los difuntos en general, siempre lo mejor es rezar por ellos confiándolos a la infinita misericordia divina.
Eduardo M. Barrios, S.J.
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de junio de 2016, 1:59 p. m. with the headline "La ‘canonización’ de Muhammad Ali."