El voto y el sentido común
El nacer como mujer es un suceso biológico, el comportarse como una mujer correctamente es una trayectoria de toda una vida.
Muchas de nosotras escogemos hacer una carrera profesional estudiando y a través de un trabajo honrado y productivo, muchas veces formando un hogar legítimo, a veces con hijos, otras dedicándose al arduo y laborioso trabajo hogareño en tiempo completo y a veces parcial, según avanza la edad de los hijos. En todos los casos, esas mujeres dignas son esenciales en nuestra sociedad.
Hay ocasiones en que las mujeres se adentran en la política, haciendo un balance entre el hogar y esa carrera que conlleva esfuerzo y contrariedades, pero sobre todo deben usar la bondad innata en su especie, con la fortaleza necesaria para mantener la línea correcta en su conducta.
En las elecciones presidenciales del 2016, tenemos a un hombre luchando contra una mujer, representando a los dos partidos mayoritarios, por la presidencia del país más poderoso del mundo. En varios países ya ha habido mujeres sumamente exitosas dirigiendo el destino nacional, como Margaret Thatcher en el Reino Unido y Golda Meir en Israel.
Aquí, la ex secretaria de Estado Madeleine Albright, en un discurso apoyando a Hillary Clinton a principios de año, dijo que las mujeres que no voten por Clinton deberían tener un lugar especial en el infierno (aunque después se retractó de ese comentario). Una mujer no debe decir eso, porque no demuestra una buena caridad cristiana o la buena voluntad de un buen creyente.
Al emitir nuestro voto para Presidente de los Estados Unidos de América, debemos hacerlo pensando en el futuro de nuestra familia, si debemos guiarnos por el sexismo o por el sentido común.
Olga Celia González Pabán
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de agosto de 2016 a las 1:31 p. m. con el titular "El voto y el sentido común."