¿Preocupación justificada, cobardía o ambas cosas?
En su reciente visita a la Casa Blanca el pasado 22 de agosto, el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, le solicitó al presidente Barack Obama la derogación de la Ley de Ajuste Cubano y de la normativa Pies secos Pies Mojados, basado en las inconveniencias causadas a su país por el masivo arribo de cubanos indocumentados en su trayecto irregular hacia los Estados Unidos.
Ahora leemos en el Nuevo Herald [sección Cuba, 31 de agosto de 2016] como, en coordinada sinfonía, pocos días después, los cancilleres de nueve países, entre ellos los de Ecuador, Venezuela, Panamá, Costa Rica y Colombia, firmaron una carta dirigida al secretario de Estado, John Kerry, con un pedido similar.
Independientemente de la empatía que un cubano pueda sentir hacia estos seres humanos que buscan confort y libertad huyendo de una tiranía absurda que los atropella en su lugar de nacimiento, es comprensible que estos dignatarios deseen eliminar en sus países los gastos y contratiempos sociales que conllevan estas migraciones periódicas en su territorio y traten de suprimirlas o disminuirlas.
Pero dentro de la racionalidad de estos intentos, molesta y duele que no se mencione lo que en verdad ocasiona este éxodo masivo; temerario muchas veces, por los peligros que enfrentan en su estampida a través de terrenos inhóspitos e insalubres. Estos funcionarios tratan el asunto como si estos seres humanos fuesen los galgos que corren tras la liebre; liebre que vendría a ser la ley que favorece al inmigrante cubano. Ignoran olímpicamente que el origen de esta huida es lo infame y desesperanzador del sistema político que rige los destinos de la nación cubana y no la famosa Ley de Ajuste.
Con tan solo un poco de una dignidad que sobrepasara a la fría y, en este caso, cobarde diplomacia, debiesen estos dirigentes requerir al gobierno de la Isla un trato a sus ciudadanos que no provocase estas fugas masivas año tras año. Debiera cuestionarse la estrategia de por qué Ecuador recibió a infinidad de cubanos sabiendo que el país iba sólo a ser usado como un trampolín hacia el sueño americano y cómo después, presionando a Estados Unidos, Nicaragua prohíbe tajantemente el paso por su territorio a estos inmigrantes desesperados.
La palabra cobardía puede parecer un poco fuerte, pero ¿cuál otra podemos utilizar para definir el hecho de que tantos presidentes de repúblicas hermanas ignoren públicamente la desgracia cubana, causante de que tantos y tantos decidan jugárselo todo, la vida incluida, con tal de huir del totalitario castrismo-comunismo? ¿Dignatarios cuyos países, en su mayoría, han sufrido alguna vez la maléfica intromisión habanera? Si cobardía es un calificativo muy fuerte, busque usted uno más apropiado, por favor. Yo no lo encuentro.
Efraín R. Infante
Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de septiembre de 2016, 6:39 a. m. with the headline "¿Preocupación justificada, cobardía o ambas cosas?."