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Cartas

Cuba: de tú a tú

Un automóvil de la década de 1950 cruza una calle de La Habana.
Un automóvil de la década de 1950 cruza una calle de La Habana. AP

Para todos aquellos que en los 1950s, en Cuba, tenían 10 años o más.

Les ruego se remonten a esa época. No importa donde vivían, que situación económica tenía su familia, dónde o qué estudiaban. ¿No eran felices? ¿No se vivía con amistad, alegría, familiaridad? ¿No se veía prosperidad, crecimiento económico? ¿No había una clase media pudiente, adelantos tecnológicos, televisión moderna, cines, fiestas?

Sí, en 1952 se interrumpió indebidamente el proceso democrático. Pero es que éramos una república muy joven todavía. Donde nuestra cultura política no estaba al nivel de nuestro desarrollo económico. Pero teníamos, o tuvimos, la oportunidad de salir de ese proceso político, sin tener que recurrir, como se hizo, a una mal llamada revolución.

La vida de todo cubano ha sido forzadamente distinta. Fuera de su desarrollo normal. Alejada de sus raíces, de su medio ambiente, de su barrio, de su pueblo, de su ciudad, de su campo. De sus amistades, de su música, de sus paisajes, de sus playas, de sus costumbres y tradiciones. De su ámbito natural.

Cuba es nuestras palmas, ríos, frutas, música, ron, azúcar, raspadura, café, tabaco. Cuba es nuestras costumbres, idioma, tradiciones, escuelas, colegios, parques donde jugamos de niños y aunque nos hayamos ido, o ya no existan, los llevamos dentro. Cuba es esa tierra que se extraña, ya estés aquí o allá.

Esa tierra que se suena, que se suda, que se respira, que nos apasiona, que nos llena de orgullo y de rabia.

La generación con 10 años o más en los 1950s, estudiantes, niños, jóvenes, profesionales, comerciantes, empresarios, obreros, campesinos, escritores, periodistas, artistas, vieron truncadas sus profesiones u oficios. Sueños sin completarse. Aspiraciones truncadas. Estudios interrumpidos, noviazgos rotos, bodas que no se realizaron. Matrimonios afectados. Seres humanos que estudiaban o habían estudiado, trabajado, para llegar adonde se encontraban, de pronto se quedaron en el vacío. Todo ha traído confusión, separación, profesiones cambiadas, oficios tergiversados, anhelos frustrados. Vocaciones truncadas.

Esto es un crimen sin perdón. La juventud es lo más preciado de un país. Y Cuba tenía una juventud buena, bonita, feliz, responsable, jovial, fiestera.

Estudiantes de institutos, paseos en los parques, reuniones y fiestas en los clubes, en las casas. Estudiantes universitarios, con sus inquietudes, casas de huéspedes donde se vivía en camaradería. Cuna de los futuros profesionales, y políticos.

La generación que eran niños en 1959, o nacidos desde entonces, es una generación que no ha podido ver, apreciar, lo que fue su patria, su gente, su pueblo. Esta generación da pena, lástima, rabia, frustración. Ha sido el castigo para la generación de sus padres que optaron por defender el sistema. El motivo de lucha y de superación para los que alcanzaron el exilio. Y el motivo de impotencia y frustración para los que permanecen en la Isla y nunca apoyaron el sistema.

Y lo triste es que esto no tiene solución. Ya está hecho. Las vidas no se pueden volver a vivir.

Y de tú a tú, si estás en Cuba, o en el exilio, si apoyaste o no a la “revolución”, ¿valió la pena que el golpe de estado de 1952, o Castro y la revolucionen de 1959, todo el sufrimiento de nuestro pueblo?

No, y esto tenemos que aceptarlo y entenderlo si queremos un futuro feliz para Cuba.

Manuel Cereijo

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de septiembre de 2016, 7:30 a. m. with the headline "Cuba: de tú a tú."

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