Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Cuba tras la muerte del dictador

Un hombre realiza un dibujo con la imagen de Fidel Castro en la fachada de un edificio el domingo 27 de noviembre de 2016, en La Habana (Cuba).
Un hombre realiza un dibujo con la imagen de Fidel Castro en la fachada de un edificio el domingo 27 de noviembre de 2016, en La Habana (Cuba). EFE

Este domingo sepultan las cenizas del fallecido dictador cubano Fidel Castro en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, donde también reposan los restos del Apóstol de la independencia de la isla, José Martí.

Es un ultraje que los restos de un tirano queden junto a los de un patriota que murió en combate por la libertad de los cubanos.

La caravana que llevó las cenizas de Castro a lo largo de la isla, desde La Habana hasta Santiago, siguió el mismo recorrido, pero a la inversa, del desfile que culminó con la entrada ostentosa del dictador en la capital, el 8 de enero de 1959, al triunfar la revolución. En cierto sentido puede decirse que se cierra un círculo.


Lo que suceda ahora, después que el hombre que rigió el destino nacional con un puño de hierro ya no está entre los vivos, depende de los que heredaron el poder en Cuba. La pelota está en el terreno de Raúl Castro, el hermano y sucesor del difunto, desde que el presidente norteamericano Barack Obama inició un deshielo en las tirantes relaciones entre ambos países, el 17 de diciembre del 2014.

Se suponía que la reanudación de las relaciones entre Washington y La Habana trajera un mejoramiento de la situación de los derechos humanos en la isla. El presidente Obama dijo que no esperaba un cambio inmediato. Pero se pensaba que habría gestos de buena voluntad por parte del gobierno cubano más allá de pasear al mandatario norteamericano y a su séquito por La Habana, durante su visita a Cuba el pasado marzo. Incluso en esa visita, Raúl Castro no acudió a recibir a Obama a su llegada al aeropuerto habanero José Martí, un desaire que muchos vieron como una mala señal.

Había expectativas, pero la represión del régimen cubano no ha cedido. Y ante la muerte de Fidel Castro, se ha incrementado. Disidentes han sido agredidos o arrestados, entre ellos el artista Danilo Maldonado, conocido como El Sexto, quien fue detenido por pintar graffitis alusivos a la muerte del dictador, y golpeado en una estación de policía, según denunciaron sus familiares.

Al mismo tiempo, la cantidad de personas que se van de Cuba por mar o cruzando Centroamérica y México hasta la frontera con Estados Unidos ha crecido hasta alcanzar proporciones de crisis.

La represión es incompatible con la apertura que se busca con la reanudación de las relaciones. El gobierno de Estados Unidos ha aclarado que su propósito es lograr mejoras de los derechos humanos en la isla. Y el presidente electo, Donald Trump, ha dicho que revisará los acuerdos entre ambos gobiernos y les dará marcha atrás si La Habana no da más concesiones.

Fidel Castro era el Comandante en Jefe y también el Ideólogo en Jefe, el dictador que mantuvo un inflexible rumbo ortodoxo en la conducción del gobierno durante largas décadas. Su muerte abre una vía para cambios importantes en Cuba, siempre y cuando el régimen de Raúl Castro esté dispuesto a ceder más de lo que ha cedido hasta ahora. ¿Estará dispuesto? Esa es la pregunta clave para un pueblo sufrido.

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