EN NUESTRA OPINIÓN: Trump ante los desafíos de la nación
Por un minuto, pensamos que el presidente Donald Trump todavía estaba en plena campaña electoral.
En su discurso de inauguración, el viernes, Trump señaló los desafíos de la nación —la violencia, el desempleo, la inmigración ilegal— y los convirtió en el tema central de su alocución. Pero sus promesas de erradicar estas plagas en Estados Unidos sonaron más como amenazas sombrías. No tuvieron el tono optimista de un alentador mensaje de esperanza, como los mensajes que transmitían John F. Kennedy y Ronald Reagan.
Como un candidato que se presentó como un populista que iba a resolver los problemas del pueblo, sus palabras sombrías no parecían apropiadas para los norteamericanos que trabajan con éxito, o que aportan su labor voluntaria a personas que necesitan una ayuda.
Trump siempre ha sido un hombre que dice lo que siente, aunque pueda disgustar a otros, y su discurso inaugural no fue distinto.
Sabíamos que su intervención sería breve —17 minutos— como él lo prefiere. Y no es ningún crimen carecer de la oratoria lírica que hubo en inauguraciones anteriores. Pero la ausencia de un reconocimiento a la grandeza de Estados Unidos que él pudiera incrementar, la ausencia de una inclinación hacia los que vinieron antes que él en la historia presidencial, fueron decepciones, pero no necesariamente sorpresas.
Tuvo toda la razón cuando dijo que los norteamericanos, de cualquier filiación política, están cansados de los manejos y de la forma de hacer las cosas en Washington. Y dio una bofetada sin mano a los cuatro ex presidentes sentados detrás de él, cuando acusó a la “elite política” de pensar en su beneficio personal y de olvidarse de la gente.
Pero su exhortación de “América primero” puede significar distintas cosas para distintas gentes. México, un país vecino fortalecido con la ayuda norteamericana, puede, sin duda, hacer que nuestra nación sea también más fuerte. Un muro levantado entre ambos países convertirá innecesariamente a un amigo en un enemigo.
Trump se enfocó en “el pueblo”, en devolverle el poder, en poner a los norteamericanos otra vez en control. Para los seguidores leales de Trump, el Presidente usó de nuevo las imágenes que los convencieron de que ese era su hombre, mucho antes de que entrara en el Capitolio. Y esos partidarios, que quedaron a la zaga a causa de la globalización y la tercerización, necesitaban oír que tienen un campeón, que nunca volverán “a ser ignorados”. A fin de cuentas, la línea de corbatas de Trump son hechas en China.
Pero muchos otros norteamericanos —los escépticos, los resignados, incluso los de mente abierta— quedaron preguntándose si están incluidos en esa vaga visión de grandeza norteamericana que Trump sigue anunciando.
¿Y la unidad? No estaba en su radar cuando una nación dividida lo impulsó hacia la Casa Blanca. Después de todo, el propio Trump aumentó las fisuras que ya existían.
Defendió a los soldados de cualquier color de piel, cuya sangre siempre es roja, y dijo que los corazones patrióticos no pueden tener prejuicios contra ellos. Pero hasta la audiencia aplaudió débilmente, como si supieran que solamente estaba cumpliendo con una exigencia. Lo mismo sucedió con el tema del racismo.
Trump ahora tiene que trabajar para que su enfoque populista y nacionalista no haga retroceder a la nación. Está heredando un país que tiene una tasa de desempleo extraordinariamente baja, donde millones de norteamericanos que no tenían cobertura de salud ahora la tienen, que ha invertido en energía renovable y ha limitado la cantidad de cabezas nucleares en todo el mundo. Son bases sólidas sobre las cuales Trump puede seguir construyendo, pero primero tiene que reconocerlas.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2017, 7:58 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Trump ante los desafíos de la nación."