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Editorial

El escándalo de Epstein empeora para Trump. Por eso hay que publicar los archivos | Opinión

Jeffrey Epstein (izq.) y Donald Trump aparecen juntos en la finca Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, en 1997. Correos electrónicos publicados el miércoles por el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes dicen que Trump pasó “horas” con una víctima en la casa de Epstein y “sabía de las chicas”.
Jeffrey Epstein (izq.) y Donald Trump aparecen juntos en la finca Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, en 1997. Correos electrónicos publicados el miércoles por el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes dicen que Trump pasó “horas” con una víctima en la casa de Epstein y “sabía de las chicas”. Davidoff Studios via Getty Images

La presión para que se publiquen los archivos de Epstein se ha intensificado. Correos electrónicos del desprestigiado financiero y traficante sexual Jeffrey Epstein, publicados el miércoles por los demócratas de la Cámara de Representantes, afirman que el presidente Trump “sabía de las chicas” y “pasó horas” con una víctima en la casa de Epstein. Estas acusaciones, sean ciertas o no, deben abordarse, ya que estamos hablando del presidente.

La manera de hacerlo es publicar la totalidad de los archivos de Epstein, incluidos los del FBI y el Departamento de Justicia. El miércoles se publicaron dos lotes de correos electrónicos del patrimonio de Epstein: unos 23.000 por parte del comité de la Cámara, seguidos de miles más por parte de los republicanos; pero es necesario un análisis exhaustivo. Esto significa publicar todos los archivos que posee el gobierno.

Los demócratas de la Cámara de Representantes destacan tres correos electrónicos que formaron parte del acuerdo de culpabilidad de Epstein en Florida en 2008, tema central de la serie “Perversión de la Justicia” del Herald. Estos correos electrónicos se publicaron como parte de la investigación del Comité de Supervisión de la Cámara sobre Epstein y su confidente, Ghislaine Maxwell.

Trump ha sostenido durante mucho tiempo que desconocía que Epstein traficaba con niñas y mujeres jóvenes, y ha negado haber participado en cualquiera de sus delitos.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que los correos electrónicos no prueban nada y acusó a los demócratas de filtrarlos selectivamente para crear una narrativa falsa que difame al presidente Trump. Leavitt mencionó que una víctima, cuyo nombre fue censurado en un correo electrónico, es la fallecida Virginia Giuffre, quien declaró no creer que Trump estuviera involucrado en los delitos de Epstein. Leavitt calificó los correos electrónicos como un intento de desviar la atención de los logros de Trump.

¿Es cierto esto que dice Leavitt? Entonces, hay una manera de averiguarlo: los estadounidenses deberían poder juzgar por sí mismos, y eso implica ver todos los documentos. Los correos electrónicos del miércoles fueron un comienzo, pero estamos hablando de una divulgación más amplia de las investigaciones gubernamentales sobre Epstein.

Los correos electrónicos que conocemos hasta ahora hacen que la necesidad de transparencia sea aún más urgente. En uno de los correos de 2011 publicados el miércoles, Epstein le dice a Maxwell que Trump pasó “horas” en su casa con una víctima cuyo nombre fue censurado: “Quiero que te des cuenta de que ese perro que no ha ladrado es Trump”.

Y en un correo de 2019, Epstein le dice al autor Michael Wolff: “Por supuesto que sabía de las chicas, ya que le pidió a Ghislaine que parara”.

Un juez federal de Florida rechazó en julio una solicitud del gobierno de Trump para desclasificar documentos del gran jurado en varias investigaciones sobre Epstein en 2005 y 2007. El juez afirmó que la ley federal prohíbe la divulgación de testimonios del gran jurado, salvo en circunstancias muy específicas que no se aplicaban en ese caso.

Las preguntas sobre Epstein y quién sabía de su red de tráfico sexual han atormentado a este país durante demasiado tiempo. La fiscal general Pam Bondi afirmó tener una gran cantidad de pruebas en el caso Epstein, pero luego prácticamente cerró los archivos, alegando que no había nada que mostrar. Los partidarios de Trump se indignaron; muchos creían que, una vez en la presidencia, los documentos finalmente saldrían a la luz.

El sur de la Florida tiene un interés particular en esta situación. Trump reside en Florida. Epstein también tenía una casa allí. Alex Acosta era el fiscal federal del sur de la Florida cuando Epstein logró el acuerdo de culpabilidad de 2008 para evitar los cargos de tráfico sexual.

Ahora existe una creciente posibilidad de que la Cámara de Representantes de EEUU fuerce una votación en el Congreso —en un gobierno recién reabierto— para publicar todos los archivos de Epstein. La publicación de los correos electrónicos sin duda busca presionar para que se lleve a cabo la votación.

Epstein, la figura central de toda esta turbulencia política, murió en una celda de la cárcel de Nueva York en 2019, antes de su juicio por cargos de tráfico sexual. Su muerte fue dictaminada como suicidio, pero una investigación de la Oficina Federal de Prisiones reveló que las cámaras de su módulo no funcionaban correctamente y que los guardias habían falsificado informes.

Maxwell, sin embargo, sigue siendo parte del drama. Cumple una condena de 20 años de prisión por cargos de tráfico sexual y, según se informa, planea pedirle a Trump que le conmute la pena. Leavitt afirmó que un indulto no es algo de lo que el presidente esté “hablando ni siquiera pensando en este momento. Puedo asegurarles eso”.

Pero si algo hemos aprendido del caso Epstein, es que las garantías —ya sean sobre la conmutación de penas o la divulgación de archivos— no siempre se cumplen.

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