EN NUESTRA OPINIÓN: El legado de Antonin Scalia
El magistrado Antonin Scalia deja un legado de poderoso pensador conservador, con grandes dotes intelectuales, que influyó no solo al Tribunal Supremo sino a la nación, a veces para bien, otras para mal.
En sus fallos y en sus comentarios, el ex profesor de Derecho y funcionario del Departamento de Justicia se esforzó por rehabilitar el enfoque a la interpretación de la Constitución que él llamó “originalismo”, o sea, la debatible noción de que la Constitución debe interpretarse según el significado de sus cláusulas en el momento en que se adoptaron. Despreciaba la idea de una “Constitución viva”, que según él promovía la rigidez, no la flexibilidad de la ley.
Ese enfoque lo llevó a veces a decisiones que reforzaron los derechos individuales, entre ellos la libertad de expresión, la privacidad del hogar y el derecho de los acusados en casos criminales a confrontar a testigos en su contra. Se unió a jueces liberales al proteger el derecho de quemar la bandera norteamericana como una protesta política.
Pero no estuvo dispuesto a reconocer plenamente que algunas garantías de la Constitución están expresadas en términos amplios —como “libertad” e “igual protección”— que los tribunales deben adaptar a los nuevos tiempos. De esa manera, Scalia se opuso a Roe vs. Wade, es decir, al derecho de las mujeres a optar por el aborto, y rechazó, con un lenguaje ofensivo, la noción de que la igualdad ante la justicia también se aplica a los homosexuales. Por suerte, no logró persuadir a la mayoría del Tribunal Supremo para que coincidiera con él en esos temas.
Al parecer, el conservadurismo político y social de Scalia moldeó sus argumentos jurídicos. Sobre todo en sus últimos años, sus comentarios cada vez más sarcásticos parecían un eco de la retórica de los presentadores radiales.
No hay duda de que será recordado por su capacidad intelectual y por su poderosa personalidad. Pero también formó parte de la mayoría conservadora en la votación de 5 a 4 que debilitó la Ley de Derechos de Votación de 1965, estableció el derecho individual de portar armas basándose en la Segunda Enmienda y falló en el caso de Citizens United que las corporaciones tenían el derecho de destinar sumas ilimitadas para ejercer influencia en las campañas electorales. Se opuso a acción afirmativa, apoyó la pena de muerte y se opuso con vehemencia en el caso que concluyó declarando el Obamacare constitucional.
Fueron posiciones que en muchos sentidos dañaron a la nación.
La muerte de Scalia pone en peligro el predominio de los conservadores en el Tribunal Supremo, por lo cual la tarea de reemplazarlo será un proceso político escabroso. Tanto los republicanos como los demócratas usarán el proceso para inflamar las pasiones de sus partidarios.
Los republicanos ya están argumentando que la elección del sucesor de Scalia debe dejarse al presidente que se elegirá en noviembre.
Esa postura es irresponsable. Dejar vacío un escaño del Tribunal Supremo durante dos períodos de sesiones se basa en la esperanza de que en las elecciones gane un republicano que elija a un magistrado conservador.
El presidente Obama dijo que cumplirá con su obligación constitucional de proponer a un candidato con las calificaciones requeridas para el puesto. Y el Senado, controlado por los republicanos, tiene la obligación de considerar a ese candidato y llevar a cabo una votación.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de febrero de 2016, 0:47 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El legado de Antonin Scalia."