EN NUESTRA OPINIÓN: Un alto a los crímenes contra menores
El asesinato de King Carter, un niño de seis años de edad, y de muchos otros niños, ha indignado a la comunidad.
Esta vez, la policía hizo rápidamente tres arrestos por el tiroteo en el cual King murió. La ira de un gran sector del distrito donde vivía dio lugar a que se divulgara la información que condujo a los arrestos. Pero esa divulgación de información necesaria para detener a criminales no sucede con la frecuencia con la que debería suceder. En esa zona urbana plagada por pandillas, los residentes que ven algo o que saben algo mantienen la boca cerrada. Es una cuestión de supervivencia: los criminales no temen tomar represalias contra los que los denuncien.
Lamentablemente, un intento de dar protección a los testigos no prosperó en el Senado de la Florida en este período de sesiones.
El asesinato de King no es un caso aislado. Randy Wadley, que vivía en Allapattah, tenía seis años, como King, cuando murió baleado por alguien con mala puntería y peor conciencia. Dos semanas antes, Renel Elans fue herido mortalmente en la espalda por una bala perdida cuando caminaba por Biscayne Boulevard. Una coordinadora de la sala de trauma del hospital Jackson Memorial, a donde llevaron a Randy, dijo: “Últimamente hemos visto muchos casos así, niños pequeños alcanzados por disparos”.
La coordinadora hizo esa triste observación en 1993.
En 1995, Bernabé Ramírez murió al ser alcanzado por disparos desde un automóvil en marcha en la Pequeña Habana. Tenía tres años.
En 1997, la pequeña Rickia Isaac fue herida de muerte por una bala perdida cuando iba caminando a su casa después del desfile de Martin Luther King en Liberty City. Tenía cinco años. En el 2000, Derrick Lynch, de dos años de edad, fue alcanzado por balas dirigidas a su tío. En el 2006, Sherdavia Jenkins, 9, murió de un balazo en el cuello cuando jugaba en la calle.
Lamentablemente, esta lista no es exhaustiva: muchos jóvenes han muerto a lo largo de varias décadas, porque participaron en tiroteos o sencillamente cuando iban a sus casas después de un partido.
Es abrumador ver las matanzas, las lágrimas, los velorios, y después las promesas de que las cosas van a cambiar. Pero no cambian.
Este año, los legisladores del estado parecían dispuestos a lograr un cambio. Un proyecto de ley del representante Ed Narain, en cuyo distrito de Tampa han ocurrido crímenes similares —entre ellos el asesinato de un testigo de 14 años de edad que estaba ayudando a las autoridades—, habría evitado que los nombres de las personas que cooperan con la policía se hicieran públicos. Los medios tampoco conocerían los nombres, lo cual constituye un golpe a la transparencia de la actividad del gobierno.
Pero en estos casos, lo que está en juego justifica que se haga una excepción. Además, el acusado vería a su acusador públicamente en el tribunal, y los abogados defensores tendrían acceso a la información.
Pero aun así, se supone que los abogados no participarían “en ninguna actividad que pudiera perjudicar a un testigo”, dijo el representante Narain. O sea, que se les prohibiría suministrar información al acusado.
Dos comités de la Cámara aprobaron la medida, pero el proyecto quedó varado en el Senado sin pasar siquiera por una audiencia.
Es una pena. El representante Narain dijo que entre los partidarios del proyecto de ley estaban la Asociación Benéfica de la Policía y la NAACP, dos organizaciones que no siempre están de acuerdo.
El proyecto debe recibir la atención que merece en el próximo período de sesiones, para evitar que los criminales sigan devastando a la comunidad.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de febrero de 2016, 1:54 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Un alto a los crímenes contra menores."