EN NUESTRA OPINIÓN: El estado debe intervenir en Opa-locka
Terence Pinder, comisionado de Opa-locka, se suicidó al lanzar deliberadamente su vehículo contra un árbol a 70 millas por hora.
La ciudad también se está suicidando, pero lentamente.
Por eso es imperativo que el estado intervenga. El gobernador Rick Scott, por alguna razón, no lo ha hecho, a pesar de las investigaciones del FBI, las solicitudes del alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, y de la comisionada condal Barbara Jordan, la incapacidad crónica de la ciudad de pagar sus cuentas, y la inesperada muerte de Pinder la semana pasada.
La ciudad de Opa-locka, su gobierno y —más importante— sus residentes han sido mal atendidos, explotados y victimizados durante décadas por una serie interminable de administradores y funcionarios electos. No todos, por supuesto, han sido deficientes. Pero sí los suficientes para dejar la ciudad constantemente arruinada, incapaz de avanzar bajo un liderazgo progresista.
Al parecer, Pinder había tratado de presentarse como un funcionario electo que quería sacar a la ciudad de las sombras de la corrupción y el abuso fiscal. Pero puso fin a su vida el día antes de que debía entregarse a las autoridades para encarar acusaciones de soborno. No era la primera vez que tenía problemas. En el 2006, fue arrestado en un escándalo de tarjetas de crédito; en el 2007, fue acusado en una intriga de sobornos de cabilderos y dejó su escaño en la Comisión antes de ser reelecto en el 2014.
La historia de la mala administración en Opa-locka está bien documentada. Solo la intervención estatal puede cambiar las cosas. En estos momentos, ese cambio está lejos de la capacidad de los funcionarios municipales electos, y quizá también de su voluntad. Después de todo, esta es la ciudad en la que la alcaldesa Myra Taylor, al saber que la municipalidad tenía una deuda de millones de dólares, insistió en matar al mensajero al votar con una mayoría de la Comisión —Pinder fue la excepción— por despedir al entonces administrador municipal Steve Shiver, que el año pasado alertó al estado.
En vez de reinventar la rueda, el gobierno de Scott tiene un modelo que debería imitar. En 1996, cuando la ciudad de Miami estaba en la ruina, el gobernador Lawton Chiles nombró a un grupo no partidista de líderes comunitarios que tenían un profundo conocimiento financiero. Formaron una junta con la misión de restaurar las finanzas de la ciudad.
La junta hizo recomendaciones radicales, pero la Comisión Municipal se mantuvo a cargo del gobierno. “Y si los funcionarios electos no cooperaban con nosotros”, dijo el banquero Adolfo Henriques, que fue miembro de la junta, el gobernador Chiles aclaró que tomaría “las medidas apropiadas”.
Joseph Centorino, director ejecutivo de la Comisión de Ética y Confianza Pública de Miami-Dade, dice que su oficina quiere participar en la recuperación de Opa-locka. “Las agencias de la ley tienen que hacer lo que les corresponde. Pero nosotros podemos crear liderazgo comunitario”, dijo a la Junta Editorial.
Centorino merece un elogio por ofrecer los recursos de su oficina. Aunque no traerá un remedio rápido, los residentes de Opa-locka y los funcionarios municipales deben sacar el mayor partido posible a la oferta.
En cuanto al estado, el gobernador Scott debe reconocer la gravedad de la destrucción de Opa-locka y dar los pasos adecuados. Puede seguir el exitoso modelo del gobernador Chiles.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de junio de 2016, 2:47 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El estado debe intervenir en Opa-locka."