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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Colombia logra un acuerdo histórico

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (der.) y Timoleón Jiménez, el jefe de las FARC, se disponen a firmar el acuerdo de paz en La Habana.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (der.) y Timoleón Jiménez, el jefe de las FARC, se disponen a firmar el acuerdo de paz en La Habana. AFP/Getty Images

El gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC dieron un paso histórico este jueves al firmar en La Habana un acuerdo que determina los pasos para poner fin al conflicto armado más largo en la historia de América.

Ante el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y numerosos jefes de Estado, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Timoleón Jiménez (Timochenko), firmaron un acuerdo que programa el cese definitivo y bilateral de las hostilidades, y también la entrega de las armas de los rebeldes.

Es un paso decisivo en un largo proceso que se consolidó y cobró fuerza el 23 de septiembre del año pasado, cuando el presidente Santos anunció en La Habana que él y Timochenko habían acordado alcanzar la paz en un plazo de seis meses.

Ha habido –y hay– mucha polémica en torno al proceso de paz, especialmente por el temor de que los crímenes cometidos por los alzados queden impunes. Pero uno de los puntos contemplados en las negociaciones –ya resuelto con anterioridad– es la aplicación de la justicia a los acusados de crímenes graves, en ambos bandos del conflicto. Los acusados podrían recibir una condena de cinco a ocho años de prisión si cooperan con los tribunales. Y los que no cooperen podrían ir a la cárcel hasta por 20 años.

La urgencia de la paz es evidente. El conflicto civil en Colombia ha dejado alrededor de 250,000 muertos, aproximadamente 25,000 desaparecidos y casi siete millones de desplazados. La paz es impostergable, porque la guerra ha durado demasiado tiempo y la nación sudamericana no puede ni debe seguir sufriendo las terribles consecuencias del enfrentamiento.

Pero todavía no se debe cantar victoria y mucho menos dormirse en los laureles. Aún quedan detalles jurídicos por establecer para sellar la paz definitiva, lo cual podría ocurrir en julio. Y la nación colombiana todavía afronta la amenaza de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), aunque su capacidad bélica es mucho menor que la de las FARC, y también la hostilidad de los grupos paramilitares.

El acuerdo logrado en La Habana detalla la manera en que los guerrilleros de las FARC (que suman aproximadamente 7,000) van a dejar las armas y se van a desmovilizar en cuanto se firme el acuerdo final de paz.

Las armas quedarán en manos de Naciones Unidas, que construirá tres monumentos con ellas. Esperemos que estos monumentos, al evocar los horrores de la guerra, recuerden a la vez que las diferencias se deben resolver por medio del diálogo en un clima democrático, que nunca deben desembocar en la tragedia del enfrentamiento bélico. Esperemos que las espadas, por fin, se conviertan en azadas.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de junio de 2016, 3:49 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Colombia logra un acuerdo histórico."

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