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Editorial

La escandalosa invitación de Trump a Rusia

El candidato republicano Donald Trump dijo que su invitación a Rusia a espiar correos electrónicos de Hillary Clinton era un sarcasmo.
El candidato republicano Donald Trump dijo que su invitación a Rusia a espiar correos electrónicos de Hillary Clinton era un sarcasmo. AP

De todos los disparates que Donald Trump ha dicho durante su larga campaña, nada supera —ni podría ser más irresponsable— que su invitación a una potencia extranjera a espiar los correos electrónicos de su rival a la presidencia. ¿Qué viene después? ¿Espiar nuestras máquinas de votación?

Trump aclaró más tarde que estaba hablando con sarcasmo, no en serio. Pero la invitación a Rusia a intervenir en la campaña por la Casa Blanca tomando ilegalmente correos electrónicos de Hillary Clinton y divulgándolos al público, aunque haya sido una broma, fue muy controversial.

En una conferencia de prensa en Doral el miércoles pasado dijo: “Rusia, si están escuchando, espero que puedan encontrar los 30,000 correos electrónicos que están perdidos. Creo que nuestra prensa los premiaría”.

Se refería a los correos electrónicos que Hillary, cuando era secretaria de Estado, tenía en su propio servidor, en el cual también recibía y enviaba correos electrónicos oficiales del gobierno —entre ellos algunos designados como clasificados— que Clinton consideró como “personales” y por lo tanto no se entregaron al FBI.

Independientemente de lo que uno piense de Hillary o de su mala decisión en este episodio, invitar a uno de los principales adversarios de este país a practicar actos de espionaje cibernético contra un compatriota, aunque lo haya dicho en broma, no es adecuado.

Desde hace meses, Trump ha estado haciendo guiños al líder autoritario de Rusia, Vladimir Putin. A Trump parecen gustarle los autócratas porque son decididos, y los rusos están felices con la posibilidad de tener a un presidente de Estados Unidos que al parecer no le da gran importancia a la OTAN, la alianza de seguridad que mantuvo a raya las ambiciones de Moscú durante la Guerra Fría y que contribuyó al derrumbe de la Unión Soviética.

Trump mostró su desdén por la OTAN —¿o su ignorancia?— cuando indicó que estaba dispuesto a ignorar el compromiso de Estados Unidos de proteger a cualquier país integrante de la alianza de ataques externos en el caso de que ese país no hubiera pagado su cuota a la OTAN. Recientemente, fue más lejos al declarar que si Rusia invadiera uno de los países bálticos —conocidos como los “países cautivos” cuando fueron ocupados por el Ejército Rojo— primero tendría que considerar si han cumplido con sus obligaciones financieras con la OTAN antes de defenderlos.

Sugerir que los países de la OTAN deben mejorar su capacidad de defenderse es una cosa. Pero decir que como presidente podría ignorar las obligaciones de Estados Unidos con la alianza (frente a una potencia que ya ha ocupado partes de Ucrania y de Georgia) pone en peligro la seguridad nacional y perjudica la reputación de Estados Unidos con sus aliados.

El director del FBI, James Comey, dijo bajo juramento que no hay pruebas de que el servidor de Hillary haya sido pirateado. Pero se sospecha que Rusia está detrás del espionaje en la Convención Nacional Demócrata, revelado a tiempo para estropear la inauguración de la convención.

La declaración de Trump no podía haber sido más disparatada. Es otra prueba de que no está preparado para la presidencia. Y que no se merece ni un voto.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de julio de 2016, 6:56 a. m. with the headline "La escandalosa invitación de Trump a Rusia."

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