Miami Beach exhorta a restringir las armas de asalto
El hecho de que la más cruenta matanza a tiros en la historia de Estados Unidos acaeciera dentro de un club en Orlando ha fomentado temores en ciudades norteamericanas como Miami Beach que gozan de una vibrante vida nocturna. Discotecas y otros establecimientos de diversión han redoblado la seguridad, apoyados por las agencias del orden, para surtir mayor tranquilidad a su clientela e intentar prevenir otro atentado.
Pero los terroristas, lobos solitarios y criminales desquiciados han comprobado que saben anticiparse astutamente a las grandes estrategias de seguridad pública. El terror está un latido de distancia y la ansiedad es global.
Después de la masacre, surgieron nuevos llamados a prohibir o establecer restricciones a las ventas de armas de asalto y cargadores de alta capacidad, lo cual evitaría que alguien disparara docenas de tiros sin tener que volver a cargar el arma. Una resolución aprobada por la Comisión de Miami Beach el pasado mes se une a ese movimiento social contra la epidemia de violencia armada que está matando a miles de personas cada año en este país.
El fundamento del decreto municipal descansa en el enfoque de seguridad ciudadana, particularmente en la construcción de ambientes seguros en espacios públicos a través de la restricción de la disponibilidad y uso de fusiles de asalto diseñados para el combate militar.
Casi una veintena de modelos de rifles semiautomáticos, incluido el fusil AR-15 empleado por el tirador de Orlando para fulminar 49 almas, estuvieron prohibidos entre 1994 y 2004. Era una medida que debía renovarse al cabo de la década, pero la administración de George W. Bush y el Congreso la dejaron expirar, presionados por la Asociación Nacional del Rifle (NRA), el poderoso lobby que defiende la tenencia de armas. La resolución de Miami Beach exhorta al Congreso a reinstaurar aquella veda federal, haciéndose eco del sentir de una leve mayoría de estadounidenses, según sondeos de opinión recientes.
Urge, asimismo, a la Legislatura de la Florida a instituir una prohibición estatal de las armas de asalto o, como medida alterna, a levantar la aplicación preferente de la regulación estatal vigente para permitir a los gobiernos locales imponer dicha proscripción. Actualmente, las ciudades y condados no pueden establecer ordenanzas sobre la tenencia de armas en sus respectivas jurisdicciones.
Las políticas públicas sobre la posesión libre de armas de fuego despiertan pasiones en ambos lados del péndulo. Los partidarios afirman que en manos apropiadas disuaden el crimen y salvan vidas. Los detractores argumentan que se necesitan más controles para evitar que terminen en manos de extremistas y se pierdan vidas. No obstante, el gobierno debe tomar medidas, como la revisión de antecedentes a todas las transacciones comerciales de armas, para reducir la violencia sin infringir los derechos constitucionales consagrados en la Segunda Enmienda.
Lo cierto es que adquirir un fusil de guerra es demasiado fácil en la Florida, y nadie precisa un AR-15 capaz de disparar decenas de balas por segundo para la caza o la autodefensa.
De momento, un acuerdo en el Congreso o en la Legislatura sobre las armas de asalto parece muy difícil de lograr. Pero ciudades como Miami Beach tienen derecho a no bajar la guardia y a exigir una mayor autonomía en sus propias decisiones para velar por la seguridad de residentes y turistas.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de agosto de 2016 a las 6:54 p. m. con el titular "Miami Beach exhorta a restringir las armas de asalto."