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Editorial

Urge una respuesta multilateral a la crisis de los migrantes cubanos 

Migrantes cubanos protestan por inminente deportación en Turbo, Colombia el 5 de agosto de 2016.
Migrantes cubanos protestan por inminente deportación en Turbo, Colombia el 5 de agosto de 2016. AFP/Getty Images

En su penosa odisea hacia la libertad, hacia la oportunidad, hacia la tranquilidad, los migrantes cubanos deben sobrellevar una estela de sufrimiento y penuria. Unos siguen con éxito las huellas de sudor y lágrimas que dejaron marcadas quienes alcanzaron Estados Unidos. Otros padecen los quebrantos propios del caminante sin papeles, las puertas cerradas de un mundo indiferente y la consecuente derrota: el retorno a Cuba y al calvario que allí les aguarda.

Sucedió esta semana con cientos de migrantes cubanos varados en un pueblo ribereño de Colombia en la frontera con Panamá, un escenario de emergencia humanitaria. Hacinados en condiciones insalubres, sin esperanza de un paso seguro, la mayoría optó por acogerse a la deportación voluntaria. Catorce compatriotas ya habían sido expulsados a la isla comunista. Inversamente, aquellos menos timoratos ajustaron sus botas encauchadas para cruzar lodazales, envolvieron maletas con bolsas plásticas y afilaron machetes. Sin más otro recurso que el coraje, se adentraron en la espesura de la selva del Darién, a continuar su escabroso sendero, sin el apoyo de la comunidad internacional.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA manifestó consternación ante esa “situación de extrema vulnerabilidad”, y exhortó al gobierno de Colombia a identificar las necesidades especiales de protección de los migrantes antes de acelerar la deportación voluntaria. Días antes, las autoridades colombianas de inmigración distribuyeron un panfleto entre los residentes de Turbo, advirtiéndoles que alojar a personas en situación irregular es un delito. En la Europa de la II Guerra también fue así: amenazaban a quienes brindaban solidaridad a los perseguidos.

Perdidos en la selva no solo están aquellos osados isleños, sino también los gobiernos de las naciones que comprenden este puente geográfico, desde Ecuador hasta Estados Unidos, incluyendo, ante todo y sobre todo, al régimen de Cuba. No ha habido un esfuerzo mancomunado y bien definido entre los hermanos de América por encontrar una salida diplomática salomónica.

Por otra parte, el éxodo masivo en meses recientes, por vía terrestre o marítima, es una palpable demostración de que el acercamiento entre Washington y La Habana no ha cosechado frutos sanos hasta la fecha. Más bien ha estimulado estas agónicas y riesgosas travesías en el seno de un pueblo humilde y agotado que teme la derogación de la Ley de Ajuste Cubano, una reliquia de la Guerra Fría innecesaria para afrontar los desafíos y las amenazas de hoy.

La negativa a permitir el cruce de fronteras a los cubanos, a partir de la decisión de Nicaragua el año pasado –que tuvo un devastador efecto dominó: Costa Rica, Panamá, Colombia–, es inadmisible. Huyen de una dictadura monoideológica que les obliga a ser adeptos al sistema o los empuja al ostracismo. Es tan apremiante la necesidad de escapar, que ni el espinoso recorrido ni los exorbitantes montos cobrados por traficantes o funcionarios corruptos frenan sus bríos.

Mientras no se presenten las condiciones que posibiliten un cambio verdadero en la estructura del poder en Cuba, continuará este desplazamiento, del cual se desprenden problemas sociales y de seguridad en naciones que regularmente dan origen a la emigración, mas no son su destino. Una solución requiere de la voluntad concertada de todos los países involucrados. El conflicto es regional y, por tanto, ha de resolverse de manera regional. Ya es hora de que los líderes desempeñen un papel productivo y constructivo. Lo hicieron a comienzos de año para dar fin a la crisis en la frontera costarricense. Falta calzar aquellas botas para sortear pantanos y volver a salir de la selva.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de agosto de 2016 a las 6:11 p. m. con el titular "Urge una respuesta multilateral a la crisis de los migrantes cubanos ."

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